En el fútbol no hay individuos, hay “individualidades”. Es de presumir que una individualidad es un individuo de notables cualidades. En una cancha de fútbol están las individualidades y están los demás, que son la mayoría.
Curiosamente, si bien hay individualidades, no hay colectividades. La suma de individualidades no hace una colectividad. Nunca un equipo de fútbol es una colectividad. Hay, sí, colectivos, en los que se desplazan las individualidades y los demás.
Por fortuna existen jugadores que “desequilibran”, pero no existen los que equilibran, o si existen, nadie los menciona porque son eclipsados por los que desequilibran.
Los futbolistas que desequilibran son “cerebrales”. Sólo las individualidades pueden ser cerebrales. Es de suponer que son llamadas así porque usan el cerebro durante el juego (y quizá también antes y después, aunque eso ya no está claro). Los demás, los que no desequilibran, al parecer juegan sin usar el cerebro o usándolo poco y mal.
Un gol muy vistoso no puede ser nunca una novela o un cuento, pero sí “un poema”.
Del mismo modo, un gol muy bello podría ser “una pintura” o “una pinturita”, pero nunca una escultura.
A un gol que es “un poema” habría que “ponerle un marco”, pero a un gol que ya tiene marco nunca habr á que escribirle un poema.
Un “cirujano” es alguien que hace daño físico a los deportistas, nunca alguien que los deja mejor de lo que estaban.
Los espectadores violentos son “desadaptados”, pero se ignora a qué se han adaptado los pacíficos (o si esa adaptación será duradera o es sólo provisional). No parece fácil que un desadaptado se adapte, pero sí que un adaptado se desadapte (para lo cual sólo hace falta que el árbitro sancione un penal inexistente a los ojos del espectador).
Cuando un jugador se arroja al césped “se tira a la piscina”, pero cuando lo arrojan no “cae a la piscina”.
Si bien suele decirse que un equipo que se defiende “juega al contragolpe”, nunca se dice que uno que ataca “juega al golpe”.
Hay equipos, sin embargo, que juegan, al mismo tiempo, al golpe y al contragolpe, lo que parecería una contradicción, pero no lo es.
Si un equipo “matemáticamente” tiene opción de seguir en la competencia, podemos considerar que sus opciones son ínfimas o nulas. Las matemáticas tienen muy mala fama en el fútbol.
Cuando alguien pierde un gol que prometía ser muy hermoso, ciertos locutores suelen decir “si lo hacía, cerrábamos el estadio”. Sin embargo, cuando se marca un gol vistoso, dichos locutores, ofuscados por la emoción, se olvidan de pedir que se cierre de inmediato el estadio. (more…)