La mala noche

Posted by Jaime Bayly in Columnas, ... | 05.26.2008 - 18:30

Extrañamente en Lima duermo mejor que en Miami. No me pongo ropa de dormir, hace ya algún tiempo dejé de cambiarme de ropa para dormir. Me dejo caer en la cama con la misma ropa que he usado durante el día. No me quito los zapatos, no veo por qué debería quitármelos. Me echo boca abajo. Antes he prendido en máxima potencia la Electrolux portátil que compré en Buenos Aires. Acerco mis pies al calefactor. El aire caliente me hunde en un sueño profundo. Despierto unas horas después, bañado en sudor, los pies ardiendo. A veces consigo dormir seis horas.Si no tengo el calefactor Electrolux argentino quemándome los zapatos, me dan pesadillas -mi padre me insulta y me pega; mis hijas se pierden o se ahogan; los aviones caen mientras rezo ya tarde- y cuando despierto estoy furioso, irritado, con ganas de pelearme con alguien y además no paro de toser y expectorar cosas innombrables y Sofía se impacienta porque escupo en sus macetas y en sus alfombras importadas y en sus revistas de decoración, que es donde más me gusta escupir porque siento que es mi manera de decorar la casa.

En Miami las noches son peores. El calefactor Electrolux argentino no funciona. He hecho todo lo posible para hacerlo funcionar pero he fracasado. He comprado otros calefactores pero ninguno funciona igual, ninguno me quema los pies, son tibios y débiles y botan un aire ridículo y no sirven para nada. No es fácil encontrar un calefactor en Miami, nadie los necesita, salvo los enfermos y los locos. La mayor parte tienen un termostato incorporado que apaga el aire caliente cuando se llega a la temperatura máxima. Esos son los más despreciables. Los pies se me enfrían y despierto furioso y pateo el calefactor de cuarenta dólares que compré en el Sears de Coral Way después de tomarme fotos con las vendedoras uniformadas que todavía no se han enterado de que no soy heterosexual y aun si les dijera que no lo soy tampoco me creerían porque uno cree lo que quiere creer. (more…)


Dos hermanos pelean

Posted by Jaime Bayly in Columnas, Columnas, ... | 05.19.2008 - 8:00

A fines del año pasado mi hermano Javier viajó a Buenos Aires a pasar unos días conmigo. No conocía la ciudad y yo le había prometido desde que éramos chicos que algún día iríamos juntos a ver buen fútbol y comer rico.Unos días antes de su viaje le pregunté si tenía ganas de conocer a Martín, mi amigo íntimo, con quien compartía un departamento en esa ciudad. Tenía el temor de que, por razones morales o religiosas, por la educación que habíamos recibido en casa, Javier no aprobase mi relación con Martín y se incomodase al verlo. Por suerte me respondió que estaría encantado de conocerlo.

Le dije que, dado que Martín y yo dormíamos en cuartos separados y no teníamos un cuarto para alojar a los amigos de paso, prefería invitarlo a un hotel muy bonito, en el centro de San Isidro, frente a la catedral. A Javier le pareció una buena idea, así podía moverse con más libertad. (more…)


La entrevista

Posted by Jaime Bayly in Columnas, Columnas, ... | 05.12.2008 - 15:57

La primera vez que le pedí a mi madre que me diera una entrevista en mi programa de televisión me dijo que no era el momento porque mi padre, su esposo de toda la vida, el padre de sus diez hijos -yo, el tercero de ellos-, había muerto hacía poco y ella todavía estaba muy triste.La segunda vez que se lo pedí me dijo que le diera unos días para pensárselo bien. Pasados esos días, me dijo que tenía ganas de venir al programa, pero que algunos de mis hermanos, enterados de la invitación, se habían escandalizado y se lo habían prohibido. Del modo más conciliador, me explicó que no quería problemas en la familia y que por eso prefería no darme la entrevista.

La última vez que se lo pedí, hace menos de un mes, no lo dudó:

-Ahora sí estoy segura de que quiero ir.

Le pregunté si mis hermanos, aquellos que se habían opuesto, no le harían problemas.

-No les voy a decir nada -respondió en tono risueño-. No les tengo que pedir permiso.

La felicité y le dije que a su edad, sesenta y ocho años, debía hacer lo que a ella le pareciese bien, sin dejarse intimidar por nadie.

Al día siguiente volví a llamarla y le pregunté si había cambiado de opinión. (more…)


El perfecto idiota norteamericano

Posted by Jaime Bayly in Columnas, Columnas, ... | 05.05.2008 - 9:49

Hace ocho años voté por primera vez como ciudadano norteamericano en un colegio de Key Biscayne. Lo hice por George W. Bush. Me parecía que Gore era soso, aburrido y altanero y que había cierta justicia en que Bush vengara la derrota que su padre había sufrido ante Clinton y Gore. Recuerdo que cuando estaba esperando mi turno para votar unas señoras ricachonas decían que había que votar por Bush porque Gore era un comunista encubierto.No tardé en arrepentirme. Ya entonces empezaba a sospechar que yo era capaz de gruesas idioteces y que esas idioteces eran tan repetidas y sistemáticas que parecían configurar un claro patrón de conducta. Aquel voto por Bush el año 2000 (uno de esos votos tan disputados en la Florida que acabaron por darle el triunfo, tras el escándalo de los recuentos chapuceros y las protestas de Gore) fue la prueba definitiva e irrefutable de que yo era un idiota peligroso y sin cura. En efecto, fui uno de esos habitantes de la Florida que, demostrando que el sol hace daño, le dimos el triunfo a Bush. Sé que merezco un castigo. Ya Dios se ocupará de ello. Después de todo, es su oficio.

Años después conocí a Gore en unas conferencias pintorescas (y muy bien pagadas) a las que nos invitaron en Guayaquil y le dije que había votado por él y que debía volver a ser candidato para impedir la reelección de Bush. Gore me agradeció secamente, obsequiándome no una sonrisa sino el aborto de una sonrisa, pero creo que, no siendo tonto, advirtió mi condición de embustero. Su esposa Tipper, una mujer encantadora, me trató con más simpatía. Nos hicimos fotos, conversamos durante la cena de asuntos naturalmente frívolos, nos reímos y en algún momento me contó que no conocían el Perú. Le dije que era dueño de un hotel en Machu Picchu y que estaban invitados cuando quisieran, lo cual por supuesto era mentira, porque el hotel no era mío sino de la familia de mi esposa y yo no lo había visitado nunca porque la familia de mi esposa me detestaba (su familia, no ella) y no sólo no dejaría entrar a un invitado mío sino que tampoco me dejaría entrar a mí, como en efecto nunca me invitó ni me dejó entrar. Tipper, sin embargo, me creyó y apuntó mis teléfonos en Miami y por supuesto nunca me llamó y a la mañana siguiente se fue muy temprano a las Galápagos con Al y las chicas. (more…)