En los últimos dÃas las circunstancias me han forzado a tomar dos decisiones en extremo difÃciles.Una fue decirle a MartÃn que no quiero vivir con él, que quiero vivir solo el resto de mi vida.
La otra fue responderle a SofÃa si mantenÃa la promesa que le hice cuando nos divorciamos: que si ella llegaba a los cuarenta años y no tenÃa esposo ni novio y no habÃa tenido un hijo, yo me comprometÃa a darle un hijo.
Lo de MartÃn fue doloroso porque es el hombre que más he amado y creo que todavÃa lo amo y lo amaré siempre, aunque él se enamore de otros hombres. Pero no podÃa seguir postergando esa decisión. Los últimos años nos veÃamos una vez por semana en Buenos Aires y asà estaba bien para mÃ. No para él: me decÃa que querÃa vivir conmigo como una pareja convencional. Por eso vino a Miami. La fantasÃa no duró un mes. (more…)
El actor me escribe, sorprendiéndome: Hola,
(Me sorprende la coma, que sugiere que escribió algo que luego borró o quiso escribir y reprimió. Es en todo caso una coma prometedora).
Respondo: ¿Cómo estás?
Me escribe: No bien,
(De nuevo, la coma me intriga, pues al parecer delata cierta angustia o desasosiego, unas ganas de decir algo que quedan frustradas).Le escribo: ¿Por qué? ¿Puedo ayudar en algo?
Me pregunta: ¿Quién sabe de esto?
Le escribo: Tú, MartÃn y yo. MartÃn es mi chico y lo amo.
Me escribe: Dame tu número.
Le escribo: No me gusta que me den órdenes. Las cosas se piden bonito. (more…)
Lo curioso de las peleas amorosas es que a veces se originan por las situaciones más inocentes o por malentendidos absurdos o por sospechas que están divorciadas por completo de la realidad.
Los amantes que más se aman pelean a menudo no por falta de amor sino por exceso de amor, que es como una droga que los intoxica y los hace ver alucinaciones peligrosas.
Esto es lo que me pasó en los últimos dÃas, una guerrilla amorosa de la que todavÃa no me recupero.
El origen de la pelea estuvo dictado por la casualidad y desprovisto de malas intenciones. Yo estaba editando el programa que presento en Miami y tocaron la puerta. Faltaba poco para el programa y a esa hora no me gusta que nos interrumpan. AbrÃ. Era Manuel, un reportero chileno del canal. Me dijo que venÃa de entrevistar a uno de los magnates ecuatorianos que viven en Miami y cuyos canales habÃan sido incautados por el gobierno de Quito ese mismo dÃa. Me ofreció la entrevista antes de emitirla en el noticiero del canal. La acepté y agradecà el gesto. Se fue presuroso. No estuvo más de un minuto en la sala de edición y no alcanzó siquiera a darme la mano.
Vimos la entrevista y nos pareció valiosa. Extrajimos tres fragmentos. Los pasé durante el programa. Al presentarlos, agradecà a Manuel y dije que era un “excelente periodista”. (more…)
Todas las tardes salgo a montar bicicleta cuando el sol ya no quema. Antes me tomo una pastilla sedante para disfrutar más del paseo.
Sólo recorro las calles más apacibles de la isla, aquellas por las que rara vez pasa un auto o alguien caminando o corriendo.
La prudencia aconseja evitar dos calles en las que hay unos perros sueltos que me han perseguido ladrándome y al parecer queriéndome morder, dos perros a los que quisiera matar y no he matado todavÃa porque no he encontrado la manera de hacerlo sin que me detenga la policÃa. PodrÃa dispararles con mi carabina de perdigones, pero serÃa en extremo difÃcil y peligroso manejar mi bicicleta con una carabina en la mano y serÃa todavÃa más complicado apuntarles en movimiento y disparar con precisión. Además, está probado que no tengo buena punterÃa, porque al pájaro que canta frente a mi casa le he disparado decenas de veces y nunca le he dado y los balines le pasan tan lejos que a veces ni se mueve, se queda allà cantando como burlándose de mÃ.
Nunca he montado bicicleta más rápido que con un perro ladrando y persiguiéndome. Nunca me he sentido más orgulloso de mà que cuando lo dejé rezagado, exhausto, babeando. Una cierta euforia o confianza en mis aptitudes atléticas me indujo a seguir pedaleando con el mismo vigor. Poco más allá resbalé y caà en la pista mojada por la lluvia. Por suerte el perro estaba ya lejos y no vino a morderme. (more…)