SabÃa que tenÃa que volver a subirme a una bicicleta y recorrer esa calle de bajada en la que me accidenté y dejé manchas de sangre y me partà el brazo ante la mirada compasiva de algunas señoras que me ayudaron a levantarme.SabÃa que debÃa regresar a esa esquina aviesa de Menéndez Pelayo y demostrarme que se me fue una vida en aquella caÃda pero pude recuperarme gracias a una cierta obstinación, a un espÃritu de resistencia que se forjó en mà desde niño, muy a mi pesar.
Entonces tenÃa que resistir a los correazos que mi padre me daba en las nalgas (sin saber que estaba educándome en una escuela del placer en la que ahora estoy condenado a seguir instruyéndome) y a los golpes con una regla de madera que Mr. Moulder, ese calvo perverso y encantador que enseñaba en el colegio inglés, me daba en la palma de la mano derecha, el brazo extendido, tembloroso. En ambos casos aprendà a que cuando se cansaban de golpearme, la mejor revancha era pedir un golpe más, un correazo más, una lección que me ha sido útil para la vida pública que me asaltó después.
No tenÃa que volver a Madrid tan pronto. HabÃa estado los últimos dÃas de setiembre cuando me accidenté, levitando por el exceso de pastillas y burlando con arrojo torero desde la bicicleta todas las suertes contrariadas que surgÃan de cada esquina, y ahora era noviembre y ese sol engañoso me hacÃa pensar que seguÃamos en setiembre y ya no me dolÃa el brazo. (more…)
Siendo noviembre, esperaba frÃo en Barcelona. Fue una sorpresa caminar bajo un sol que parecÃa de primavera y que me hizo jurarle a MartÃn que volveremos en abril cuando las calles se llenan de flores y libros.Siempre me habÃa quedado en el Majestic, y alguna vez en el Condes, donde Boris volvió a ver después de la operación para corregirle la miopÃa (la otra noche me ha dicho, sacándose el maquillaje, que no ha leÃdo mi último libro porque no ha tenido tiempo, y me ha hecho reÃr por su descaro, y le he dicho ojalá tengas tiempo de leerlo antes de cumplir los cincuenta), pero esta vez tuve la suerte de que Andreu Buenafuente me mandase al Claris, que me ha fascinado y al que me he prometido volver, porque me han tratado con mucho cariño comedido, como suele ser el cariño catalán, y porque me han mimado muy especialmente los chicos argentinos vestidos de negro, tan suaves y guapos, a los que he regalado en señal de gratitud mi libro firmado.
También le he regalado mi libro a Gianina, la peluquera peruana de la calle Valencia que me cortó el pelo y me dijo que lleva nueve años en Barcelona y tiene una niña que le habla en catalán.
No sé si queda bien que un escritor compre todos los dÃas su libro y ande regalándolo por la calle al primer espontáneo que lo saluda, pero tal es mi caso y por eso también le dejé la novela (que no fue fácil encontrar en la librerÃa) a la camarera del café donde solÃamos desayunar, de nombre Erika y también peruana, desde luego. (more…)
Con el brazo todavÃa lastimado subà al avión a medianoche decidido a llegar a la isla el martes para correr a votar a las siete de la mañana sin saber todavÃa por quién votar.Mis hijas me habÃan pedido que votase por Obama porque les parecÃa que era necesario un cambio, que debÃa acabar la guerra absurda, que era bueno que ganase un negro con cara de hombre noble, que no podÃan seguir ganando los blancos testarudos que quieren ir a la guerra para resolver los problemas a bombas y que han destruido la economÃa del paÃs prestando plata a los incautos con la esperanza de esquilmarlos y esclavizarlos económicamente, sólo para darse cuenta, ya tarde, que el embuste era tan malvado que los arrastró a ellos también a la quiebra, vÃctimas todos de la fiebre consumista que es el origen de todos los males, de la pretensión frÃvola de tenerlo todo y ahora, ya mismo, enseguida, que ha llevado a tanta gente a prestar cruelmente como a endeudarse imprudentemente, y ambos son culpables, pero más los que dieron el dinero con ánimo usurero que los ingenuos que lo tomaron prestado para comprarse ficticiamente una casa cuando en realidad estaban adquiriendo una deuda y esa foto, todos sonrientes, de la familia inmigrante en la fachada de la nueva casa, que mandaron a sus paÃses de origen para impresionar a sus familiares de allá, era sólo un espejismo, una trampa, porque ahora ya los echaron de la casa y la foto es el recuerdo del sueño incumplido, de la trampa en que cayeron.
Yo pensaba en el avión que si mis hijas me habÃan pedido que votase por Obama debÃa votar por él sin pensarlo más. El voto era de ellas y para ellas, que nacieron en este paÃs y sueñan con venir a estudiar aquÃ. Además, mi hija mayor, que ya tiene quince y es muy lista, me habÃa recordado que en cuatro años ella votará conmigo en la isla o en la ciudad donde esté estudiando. (more…)
Algunos de mis mejores amigos quieren que me postule para presidente del Perú. Me dicen que, a pesar de mis antecedentes policiales, si sonrÃo mucho y hablo bonito y hago la campaña sólo en la televisión, no en las plazas públicas, donde me gritarÃan maricón, cabro, rosquete, y me tirarÃan huevos o tomates en el mejor de los casos y piedras o balas en el peor, puedo dar la sorpresa y ganar las elecciones y convertirme en presidente, siendo bisexual y no estando dispuesto a negarlo para ganarlas.Porque mis amigos entienden, o tienen que entender, que no puedo dejar a mi chico argentino, al que amo, y casarme de nuevo con SofÃa, abusando de su infinita pasión por la aventura, y tener un hijo con ella en plena campaña electoral, una operación diseñada para reafirmar mi muy discutida virilidad (discutida principalmente por mà mismo y por mis libros) y despejar las dudas sobre mi conocida debilidad por los hombres como fuente de compañÃa fraterna y placer seguro.
Pero mis amigos no quieren entender que no puedo cambiar, que no puedo dejar de ser quien soy y mentir descaradamente para ganar las elecciones, y me dicen que, si vamos en serio, si quiero ganar con el voto de las mujeres que me ven en la tele y me idealizan como macho risueño y juguetón y juran contra toda evidencia que no soy bisexual ni mucho menos y que en realidad soy un heterosexual mitómano que inventa una mascarada gay con el penoso pero comprensible propósito de ganar más dinero, entonces, me dicen ellos, si quieres capturar el voto de esas muchas mujeres que te adoran, tienes que dejar a tu chico, decir que es cosa del pasado y que amas ahora como has amado siempre al gran amor de tu vida, SofÃa, la madre de tus hijas, con la que tienes que volver a convivir, junto con las dos lindas hijas que ella te dio, y a la espera del hijo idealmente varón, que habrás de llamar Jaime, que ella te dará en los primeros meses del año 2011, cuando ya estés inscrito como candidato y empieces a resultar creÃble y subas en las encuestas cada vez que salgas serio, aplomado y sonriente en televisión, que ahora las elecciones se ganan en la tele, donde tú te mueves como pez en el agua. (more…)