No pensé que llegarÃa a cumplir cuarenta y cuatro. Hace poco, cuando me llevaban a la sala de operaciones, pensé que me quedarÃa dormido para siempre y los cuarenta y cuatro los cumplirÃa esparcido en el mar.
Me tomó por sorpresa seguir vivo y ver que los cuarenta y cuatro estaban a la vuelta de la esquina y al parecer llegarÃa en pie, arrastrándome.
Los médicos que me operaron en Miami me prohibieron subirme a ningún avión, pero la obediencia no ha sido nunca una de mis virtudes y todo lo feliz que he sido lo debo a desobedecer las reglas en las que fui educado.
Por eso tomé un avión para abrazar a mis hijas y darles lo que me habÃan pedido, una cámara digital y un iPod nano. Nada es mejor para mi salud que verlas sonreÃr. Eso cura las peores heridas y me recuerda lo bueno de resistir y sobrevivir.
Gracias a ellas tuve una visión luminosa. DebÃa cumplir cuarenta y cuatro en una ciudad nunca antes pisada. DebÃa llegar a un lugar remoto y desconocido. No lo dudé. DebÃa caminar las calles inexploradas de Montevideo.
La verdad es que no fue fácil llegar. Estuve a punto de desmayarme, enredado en el tráfico de la 9 de Julio, corriendo en un taxi de Ezeiza a Aeroparque, y luego a punto de colapsar de la fatiga y el dolor, pasando los controles en Aeroparque, y, una vez sentado en el Pluna, la policÃa identificó a un malhechor y lo obligó a bajar del avión con su maletÃn sospechoso y apuntado por pistolas y perdimos dos horas en ese contratiempo, y entonces no pude evitar los mareos y los vómitos y por un momento sentà que no llegarÃa vivo a Montevideo y me desplomarÃa extenuado como el brasileño que corrió la maratón de Manhattan y al llegar a la meta se dejó caer y murió sudoroso y con la satisfacción del deber cumplido, pero después el avión despegó y pensé en todos los destinos que acabaron prematuramente hundidos en ese rÃo turbio y decidà que no era allà donde me convenÃa morir. Fue tan arduo poner los pies en Montevideo que tuve el presagio de que vendrÃan dÃas buenos, sosegados, felices: cuando algo te cuesta tanto trabajo, es porque vale la pena. (more…)