Montevideo

Posted by Jaime Bayly in Columnas, ... | 02.23.2009 - 13:51

No pensé que llegaría a cumplir cuarenta y cuatro. Hace poco, cuando me llevaban a la sala de operaciones, pensé que me quedaría dormido para siempre y los cuarenta y cuatro los cumpliría esparcido en el mar.

Me tomó por sorpresa seguir vivo y ver que los cuarenta y cuatro estaban a la vuelta de la esquina y al parecer llegaría en pie, arrastrándome.
Los médicos que me operaron en Miami me prohibieron subirme a ningún avión, pero la obediencia no ha sido nunca una de mis virtudes y todo lo feliz que he sido lo debo a desobedecer las reglas en las que fui educado.

Por eso tomé un avión para abrazar a mis hijas y darles lo que me habían pedido, una cámara digital y un iPod nano. Nada es mejor para mi salud que verlas sonreír. Eso cura las peores heridas y me recuerda lo bueno de resistir y sobrevivir.

Gracias a ellas tuve una visión luminosa. Debía cumplir cuarenta y cuatro en una ciudad nunca antes pisada. Debía llegar a un lugar remoto y desconocido. No lo dudé. Debía caminar las calles inexploradas de Montevideo.

La verdad es que no fue fácil llegar. Estuve a punto de desmayarme, enredado en el tráfico de la 9 de Julio, corriendo en un taxi de Ezeiza a Aeroparque, y luego a punto de colapsar de la fatiga y el dolor, pasando los controles en Aeroparque, y, una vez sentado en el Pluna, la policía identificó a un malhechor y lo obligó a bajar del avión con su maletín sospechoso y apuntado por pistolas y perdimos dos horas en ese contratiempo, y entonces no pude evitar los mareos y los vómitos y por un momento sentí que no llegaría vivo a Montevideo y me desplomaría extenuado como el brasileño que corrió la maratón de Manhattan y al llegar a la meta se dejó caer y murió sudoroso y con la satisfacción del deber cumplido, pero después el avión despegó y pensé en todos los destinos que acabaron prematuramente hundidos en ese río turbio y decidí que no era allí donde me convenía morir. Fue tan arduo poner los pies en Montevideo que tuve el presagio de que vendrían días buenos, sosegados, felices: cuando algo te cuesta tanto trabajo, es porque vale la pena. (more…)


La policía viene a mi casa

Posted by Jaime Bayly in Columnas, Columnas, ... | 02.16.2009 - 13:30

Regreso a casa después de pasar cuatro días en un hospital. Al acercarme a la puerta, encuentro una tarjeta que dice: ”Detective Héctor García, Policía de Sunrise. Por favor, llámeme lo más pronto posible”. Luego había escrito dos teléfonos en tinta negra.

Entré a la casa y llamé al detective.

–Necesito hablar con usted de un asunto delicado –me dijo.

–Encantado –le dije–. Cuando usted quiera.

–¿Puede venir mañana a la estación?

–Lo siento, pero eso no será posible. Me han operado.

–¿Le molesta si paso por su casa mañana?

–Lo espero mañana. ¿Puedo preguntarle de qué se trata?

–Es un asunto delicado. Debemos tratarlo personalmente.

El detective jugaba a hacerse el misterioso y yo no sabía qué pruebas tenía contra mí, además de todas las que yo podía darle.

Al día siguiente pude ver que un auto marrón, sin identificación policial, aparcó al lado del mío. Bajaron un hombre y una mujer. Los hice pasar. Les invité algo de tomar. Declinaron. Nos sentamos en la sala. La mujer era parecida a Ellen de Generes. El hombre dijo:

–Tenemos pruebas de que usted estuvo en un hotel con una menor de edad.

–Sí, recuerdo esa tarde –dije.

–Encontraron manchas de sangre en la habitación –dijo la mujer.

–Recuerdo las manchas –dije.

–¿Qué edad tiene su amiga? –preguntó el detective.

–Veinte años –respondí–. Nació en noviembre de 1988.

En ese momento no supe cuáles serían las consecuencias legales de mi declaración. Sólo supe que había dicho la verdad. (more…)


Malditos doctores

Posted by Jaime Bayly in Columnas, Columnas, ... | 02.09.2009 - 12:56

Tres doctores me han dicho, sin conocerse entre ellos que yo sepa, que no debo tomar un somnífero ni un antidepresivo más, que si continúo tragando esas pastillas voy a precipitar mi muerte.

Lo que más me gusta de ir a los doctores es que me obliguen a desvestirme y a tenderme en una camilla y que procedan a tocarme, palparme y estrujarme y que hundan sus dedos en mis carnes flácidas. Me gusta pagarles a esos viejos embusteros entre ochenta y cien dólares para que me desvistan y me toquen donde se les antoje. En cierto modo siento que se prostituyen para mí o que me prostituyo para ellos. Lo que me interesa no es que me curen sino que me toquen y ausculten.

Lo que menos me gusta de ir a los doctores es escucharlos cuando me amonestan por tragarme tantos barbitúricos encapsulados que están destruyendo mi hígado y provocando un derrame biliar que me ha puesto de una tonalidad amarillenta que va bien con mi carácter. Me irrita que dichos señores simulen preocuparse por mi salud cuando en realidad no les preocupa en absoluto: ¿cómo podría preocuparles, si acaban de conocerme y soy un extraño? Lo que en verdad les preocupa es que les pague en efectivo, y a ser posible antes de la consulta, para que sigan ejercitando esa forma innoble de urdir ficciones con mandil y en consultorio. (more…)


Triunfar en Hollywood

Posted by Jaime Bayly in Columnas, Columnas, ... | 02.02.2009 - 13:32

Es sábado, dos de la tarde, y estoy en una autopista, manejando un auto último modelo con mi licencia de conducir suspendida por exceso de multas por manejar a excesiva velocidad, y estoy llegando a Hollywood, donde me espera una chica, que no me atrevo a decir que es mi chica, pero que me gustaría que lo fuera.No estoy llegando a Hollywood, California, pues ese viaje me tomaría una semana en auto desde mi casa, solo estoy llegando a Hollywood, Florida, una hora al norte de la isla donde vivo, un pequeño pueblo rodeado de bosques y perdido en el medio de la nada. Pero no importa el estado en que se halla o en que yo me hallo, lo que importa es que hay una chica en Hollywood esperándome y dispuesta a mentirles a sus padres para salir conmigo, y eso me basta para ser feliz, lo que es una prueba de mi mediocridad y de mi resignación ante ella y la certeza de que nada me salvará de ser un mediocre.

La chica les ha dicho a sus padres que saldrá esa tarde “con un amigo gay”. Es una verdad a medias. Es verdad que soy su amigo, aunque también lo es que quiero acostarme con ella. Es verdad que soy gay, aunque también lo es que soy bisexual o que no he podido ser completamente gay y todavía me gustan las chicas como ella. Por eso estoy llegando a Hollywood: no porque quiera ser su “amigo gay”, sino porque quiero llevarla a un hotel cerca de su casa, que ya he identificado mirando los mapas de Google y cuyas coordenadas llevo anotadas en un papel. (more…)