Quiero tener un hijo. Estoy impaciente por tener un hijo. Estoy desesperado por tener un hijo. Siento que se me escapa la vida y no quiero irme sin dejar un hijo.Quiero que mi hijo se llame James. James a secas. James como debà llamarme yo, como me llaman mis hermanos. Jaime es un nombre atroz, un nombre sumiso, de chofer, de mayordomo. Yo soy un mayordomo, solo que no tengo claro quién es mi amo. Creo que soy un mayordomo de mà mismo.
Quiero que James sea gay. Sé que no depende de mÃ, pero si pudiera elegir, lo harÃa gay, condenadamente gay, felizmente gay, todo lo gay que no pude ser yo. No es improbable que lo sea. En mi familia no son infrecuentes los genes alegres. Abundan. A veces se esconden, a veces irrumpen con insolencia, pero están por todos lados. O sea que James, con suerte, saldrá gay. Dios quiera. SerÃa lindo tener un hijo muy gay.
Quiero que James nazca en una ciudad propicia para la felicidad. Es decir que no quiero que nazca en Lima ni en ninguna ciudad, aldea o caserÃo peruano. Quiero que nazca en DublÃn, en Estocolmo o en Copenhague. Lo lógico y natural serÃa que naciera en DublÃn porque de allà vienen mis antepasados, ilustres borrachos tacaños. Nunca entenderé cómo y por qué un señor irlandés se subió a un barco, huyendo sabe Dios de qué, y terminó arrojado meses después en el puerto del Callao, que era como irse al infierno sin haberse muerto. Nunca debió ese señor huir de su isla flemática y afincarse en el paÃs gris. Mucha desdicha, muchas suertes torcidas, mucha infelicidad soterrada, muchos destinos castrados, mutilados, se desprendieron de esa incomprensible decisión que tomó el caballero irlandés.
Quiero que James sea peluquero, diseñador de modas o decorador de interiores. Quiero que sea muy bello y que persiga ciegamente la belleza y solo la belleza. Quiero que solo crea en lo que se puede ver y tocar y que se ame a sà mismo más que a todos los prójimos sumados y hacinados. Quiero que sea egoÃsta, ególatra, egocéntrico. Quiero que esté absolutamente fascinado de conocerse. Quiero que sus manos le den más placer que las de cualquier otra criatura humana. Quiero que James no se parezca en nada a mà y se parezca completamente a su madre. El problema es que no sé quién deberÃa ser su madre.
Aquà es cuando las cosas se enredan y me dan ganas de llorar como una quinceañera, que es la única manera de llorar que conozco. (more…)