El escritor mediocre

Posted by Jaime Bayly in Columnas, ... | 05.25.2009 - 9:48

El escritor se ha resignado a salir en la televisión todas las noches porque sabe que carece de talento para ganar con sus libros el mismo dinero que gana en la televisión y porque sabe que carece de coraje para vivir pobremente, como viven o vivieron algunos escritores que admira.La televisión es entonces una derrota moral para el escritor, el recuerdo permanente de su mediocridad. Lo que otros perciben como un éxito personal (lo que otros incluso le envidian) resulta para él un fracaso abrumador del que ya no tiene esperanzas de recuperarse, después de haber publicado diez novelas.

Si no ha podido ganarse la vida como escritor con diez novelas publicadas y traducidas a algunos idiomas, y si sus obligaciones económicas no tienden a disminuir sino a multiplicarse a medida que sus hijas crecen, parece altamente improbable (casi tan improbable como ganarse la lotería) que el escritor consiga emanciparse de las penosas servidumbres de la televisión (penosas al menos para él) y cumplir su sueño de retirarse a vivir del dinero que le procuren las ventas de sus libros.

Ya que está condenado a desempeñar ese oficio alimenticio (un oficio que, por cierto, podría ser mucho peor, porque después de todo le pagan por hablar, y por hablar sentado, y por hablar sentado cosas que a menudo no tienen el menor sentido, pero que son ocasionalmente divertidas), el escritor venga su probada mediocridad (una mediocridad que recuerda cada noche, mientras lo están maquillando) tratando de gozar, si cabe, de la hora o las horas en que alquila su rostro, sus palabras, sus sonrisas, su fatigada habilidad para seducir a los incautos y confundidos. Puesto que le parece inevitable prostituirse para que su familia y él vivan con una cierta comodidad, procura hallar placer en el meretricio intelectual o moral al que se ha abandonado. Dado que posa de bufón o francotirador (haciendo alarde de una inteligencia impostada o exagerada, simulando ser más inteligente de lo que él sabe que en verdad es, pues si de veras fuese inteligente se ganaría la vida como escritor y no como bufón), intenta que dicha postura histriónica no resulte del todo incómoda y, en lo posible, sea incluso placentera.

No por someterse al vértigo carnavalesco de la televisión todas las noches el escritor ha dejado de escribir. No por ganar más dinero del que nunca imaginó se ha sentido exonerado del deber o la urgencia de seguir escribiendo. Podría no escribir más: tendría en la televisión y sus lastres, yugos y humillaciones la coartada perfecta para dejar de escribir. Nada ni nadie lo obliga a seguir escribiendo. Ya no escribe novelas con la esperanza de que alguna de ellas se convierta en un éxito impensado de ventas y lo rescate de la cloaca o el prostíbulo que es para él la televisión. Sabe que es un escritor mediocre, sabe que sus libros nunca lo harán rico, sabe que no podrá vivir la utopía de renunciar a la televisión y retirarse discretamente a escribir, sabe que envejecerá impúdicamente en la televisión y algún día lo despedirán por viejo, calvo, aburrido y desdentado, y no por eso ha dejado de escribir todas las noches, al volver del programa (y a menudo para olvidar el programa). (more…)


Morir en sus brazos

Posted by Jaime Bayly in Columnas, Columnas, ... | 05.18.2009 - 10:12

Una noche de septiembre de 2006, una mujer cubana de setenta años estaba a punto de irse a dormir cuando me vio en la televisión de Miami y decidió que yo sería su hijo.Ella había tenido un hijo llamado Henry que, con apenas veinticuatro años, había muerto en un accidente aéreo en 1986.

Veinte años más tarde, me vio en la televisión y pensó que yo era tan parecido a su hijo muerto que no podía no ser él o que, en cierto modo, una parte de Henry se había reencarnado y habitaba en mí y que en consecuencia, estaba en mi destino ser su hijo.

La mujer se llamaba Talía y no había tenido otros hijos con su esposo de toda la vida, Hugo, un médico ya jubilado. Se habían conocido en La Habana cuando eran un par de quinceañeros, habían escapado de la revolución y se habían casado atropelladamente nada más llegar a Miami.

Talía fue a verme la noche siguiente al estudio, me abrazó con una intensidad desusada y me dijo que yo era idéntico a su hijo Henry, me enseñó fotos de Henry, me contó que había muerto en un vuelo al Caribe, rompió a llorar, la consolé, le dije que Henry era muy guapo, me dijo que había esperado veinte años a que llegase este momento, el de encontrar al hijo que había perdido.

Pensé que hablaba metafóricamente.

Desde entonces no faltó un lunes ni un viernes en el estudio de Miami donde hacía el programa. Como decía que no le gustaba manejar su auto de noche, llegaba en compañía de otras amigas, todas guapas, señoras elegantes, llenas de joyas, que me colmaban de halagos y regalos.

Todos los lunes y viernes Talía me esperaba en el estudio una hora antes de que comenzara el programa, y apenas terminaba se me acercaba y me daba una bolsa llena de comida. Yo nunca le pedí nada, pero ella decía que era feliz comprándome comida. Me traía tantas cosas que no alcanzaba el tiempo para comérmelas todas. No me preguntaba qué me gustaba, ella elegía por mí. No faltaban nunca el salmón ahumado, el queso cremoso, las tostadas, la tortilla española, los sánguches de miga, las sopas de pollo que se derramaban en la camioneta, frutas exóticas, chocolates, pirulines, caramelos de menta, sales digestivas, laxantes y boletos de la lotería. No sé por qué, Talía deslizaba siempre, entre las bolsas de comida, boletos de la lotería que se jugaba el sábado. (more…)


La madre que hay en mí

Posted by Jaime Bayly in Columnas, Columnas, ... | 05.11.2009 - 18:48

Hola, mamá. Feliz Día de la Madre.
-Gracias, mi amor. ¿Estás en Lima? ¿Vas a venir a almorzar?
-No. Estoy en Miami.
-Ay, qué pena. ¿Y por qué te has quedado solito allá, amor? Deberías estar acá en Lima para celebrar mi día conmigo y con tu Sofía.
-No estoy solito, mamá.
-¿Tienes visita en Miami?
-Sí, mamá. Digamos que tengo visita.
-Ay, qué alivio, amor. No es bueno estar solo.
-Eso dice el padre Alberto.
-¿Alberto se llama tu visita?
-No, mamá. Se llama Martín. Es mi chico. Me encantaría que lo conozcas. ¿No te da curiosidad?
-Será lo que Dios quiera, amor. El hombre propone y Dios dispone.
-Sí, claro. Mamá, necesito pedirte un favor.
-Lo que quieras, hijito. Pídeme lo que quieras. Tú sabes que por mi Jaimín muevo cielo y tierra.
-Necesito plata.
-¿Plata, tú? Pero si tú tienes más plata que yo, amor.
-Pero les he prometido a mis hijas y a Martín y a Sofía que no voy a gastar mi plata en mi campaña presidencial. Y sin plata, no puedo ser candidato.
-Eso de ninguna manera, amor. Tú tienes que ser candidato. Tú has nacido para ser presidente.
-Por eso te digo. Necesito que vendas tus acciones de Volcan y me prestes medio millón de dólares.
-¿Tanto necesitas, amor?
-Medio millón no es nada, mamá. La campaña puede costar dos o tres millones, fácil.
-¿Y en qué te vas a gastar tanta plata, corazón?
-Comprar un partido que ya está inscrito me cuesta doscientos mil. Y con los otros trescientos mil tengo que abrir como cien comités de mi partido en todo el Perú.
-Ay, qué maravilla, amor. Vas a viajar por todo el Perú. Vas a conocer tu patria querida. Muchas cosas buenas van a salir de todo esto, ya verás.
-No estoy tan seguro, mamá. Por ahí me matan de una pedrada. Hay mucho loco suelto que me odia.
-Nadie te odia, mi hijito. Tú vas a ganar fijo. Desde que eras chiquito ya te veía fijo como presidente.
-¿Cuento con tu plata, entonces? (more…)


Cucarachas voladoras

Posted by Jaime Bayly in Columnas, Columnas, ... | 05.04.2009 - 12:22

Regreso de la televisión a medianoche. Enciendo la luz de la cocina. Hay una cucaracha merodeando en el piso. No es la primera vez que la veo. He intentado matarla pero es más rápida y astuta que yo y seguramente vivirá más que yo.Me saco el zapato, me acerco sigilosamente a ella y se lo arrojo. No le doy. La cucaracha vuela, vuela hacia mí. Doy un alarido, me sacude un escalofrío.
Dios, ¿estoy alucinando por las pastillas o las cucarachas ahora vuelan en mi casa?

La cucaracha vuela como si quisiera morderme, vuela como si fuese una cucaracha vampiro. Me protejo la cara, manoteo, chillo como una niña. La cucaracha cae al piso mugriento. Me saco el otro zapato y salto sobre ella para aplastarla. Resbalo. Caigo. Me corto la mano con un pedazo de vidrio de una botella de Orangina que se me rompió en la tarde. Barrí, pero quedaron vidrios y mi mano aterriza, mala suerte, sobre una astilla resplandeciente de Orangina.

La cucaracha se detiene, me mira, tal vez sonríe y luego corretea y se desliza debajo de la lavadora.

Maldita cucaracha hija de mil putas, algún día te mataré.

Subo a buscar la escopeta de perdigones que compré para matar al pájaro cantor al que disparé como cincuenta veces y nunca le di. El pájaro desapareció después de una noche de tormenta. No sé si murió o si se fue a joder a otro vecindario. Saco la escopeta, la cargo, apago las luces de la cocina, enciendo la linterna amarilla, apunto hacia el piso de la lavadora y espero a que salga la cucaracha.

Espero y espero y espero y ella, que es astuta y rápida, mucho más que yo ciertamente, no sale, sabe que si sale la cazaré.

Me aburro y disparo un perdigón a la lavadora para asustarla y el sonido metálico del balín rebotando en la puerta blanca de la lavadora me recuerda a mi padre disparando al espejo en el que mi madre se maquillaba: yo vi ese espejo quebrarse como se partió en mil astillas la botella de Orangina en el piso de la cocina, yo vi el rostro aterrado de mi madre, yo vi a mi padre disculpándose por esa bala que se le escapó mientras limpiaba su pistola.
Subo a mi cuarto a leer el libro de Cercas sobre el golpe fallido y veo una cucaracha. No es tan grande como la de la cocina. Merodea a un paso de mi cama. Nunca había visto una cucaracha en mi cuarto en los varios años que llevo viviendo en esta casa. ¿Cómo y por qué subió a buscar comida al pie de mi cama? ¿Tan inmunda es mi casa que hay cucarachas hasta en mi cuarto? (more…)