Lola cumple catorce años. Con perdón por la cursilerÃa, todavÃa quedo maravillado cuando la veo. Me parece inexplicable que una criatura tan bella haya salido en cierto modo de mÃ, que se haya desprendido de mis genes resbalosos. Eso es lo que más me sorprende de Lola: que, siendo mi hija, sea tan distinta a mÃ.
Se llama Paola, pero yo le digo Lola, y en ocasiones, según mi humor o el suyo, también Paoli, Pao, Paulina, Loli o Lolita.
Si tuviera que describir los rasgos más acentuados de su carácter, dirÃa que es una mujer (porque ciertamente no es más una niña) que sabe bien lo que quiere y que no se complica la vida. Esto es algo que no deja de asombrarme: la porfiada certidumbre de sus deseos. Desde muy niña, supo siempre expresar lo que querÃa y defender obstinadamente aquello que deseaba conseguir. No es una mujer que duda, que no sabe lo que quiere, que pide consejo, que prefiere que otros elijan por ella. Lola da la impresión de haber nacido ya sabiendo exactamente lo que querÃa. En esto, y en muchas otras cosas más, no se parece, por suerte, a mÃ.
No siempre una persona consigue lo que quiere, pero primero hay que saber lo que uno quiere para después intentar conseguirlo, y a Lola no le falla el instinto en lo primero (el objeto de su deseo) ni en lo segundo (el modo más eficaz de aproximarlo a ella). Puede ser un perro, un hurón, un conejo, un caballo para montarlo y dar saltos con él: Lola sabe perfectamente lo que quiere y lo dice sin esperar a que se lo preguntes, lo dice con la distraÃda seguridad de que ha nacido para que las cosas que desea no le resulten esquivas y le sean concedidas bien pronto.
DirÃa que Lola ha nacido programada para la felicidad, que sus genes sirven por fortuna a la causa de su bienestar y no conspiran contra ella. Porque no solo es una mujer que sabe intuitivamente cuáles son las cosas que le procurarán felicidad, sino, y esto es casi tan importante como lo anterior o todavÃa más, sabe cómo conseguirlas, sabe cómo pedÃrtelas, sabe cómo vencer tus temores y reservas, sabe cómo seducirte, cómo convencerte, cómo defender porfiadamente (con una fe ciega en ella misma, en la sabidurÃa de sus corazonadas) lo que quiere conseguir. Asà fue con el perro, con el hurón, con el conejo y con el caballo que da saltos bajo su mando. Ni su madre ni su hermana ni yo querÃamos complacerla, pero ella se las ingenió para derribar nuestras resistencias y ganarnos las batallas y demostrarnos con el tiempo que tenÃa razón, que el perro, el hurón, el conejo y el caballo la harÃan feliz y, lo que no estaba para nada en nuestros cálculos, nos harÃan felices también a nosotros, que tanto nos habÃamos opuesto a incorporar a esos animales a la vida familiar.
Esas son dos cosas (me niego a llamarlas virtudes o defectos) que admiro de Lola: la certeza de sus deseos y la terquedad para conseguirlos. Aunque uno nunca puede estar muy seguro de estas cosas (o yo nunca he sido bueno para distinguir quién tiene lo de quién, quién ha sacado la nariz del padre, las manos de la madre o las orejas de la abuela), creo que Lola debe sus rasgos más conspicuos y estimables a su madre, a la familia de su madre, una familia en la que abundan las mujeres con carácter, que saben bien lo que quieren y que saben mejor cómo conseguirlo. Son mujeres prácticas, listas, seguras, exitosas, que no se complican la vida en andar filosofando o en poner trabas a sus ambiciones, que siempre encuentran la manera de que alguien les facilite con el mayor gusto sus más peculiares caprichos y extravagancias. (more…)