La conspiración

Posted by Jaime Bayly in Columnas, ... | 09.28.2009 - 22:09

He sido decapitado por una conspiración de mediocres, envidiosos y trepadores.

Subestimé el poder malévolo de mis enemigos y su capacidad para intrigar en las sombras y tramar mi caída.

Los apandillados me atacaron por varios frentes a la vez. Eran numerosos y me odiaban como odia el que viene a cortarte la cabeza, con la mirada nublada por la abyección y las comisuras de los labios mojadas por una baba vil, espumosa.

Me hallaba descansando cuando fui cercado por los revoltosos. El asalto me pilló por sorpresa. Sabía que los conjurados eran un puñado de facinerosos que me odiaban sin razón alguna o por la más humana de las razones: porque imaginaban que mi vida era mejor que las suyas y que yo descansaba más a menudo que ellos. Lo que ignoraba (y ese despiste hubo de costarme la vida) era que, siendo idiotas, eran sin embargo capaces de urdir un complot para matarme y ejecutarlo a sangre fría. Olvidé que a menudo los idiotas son los asesinos más brutales y por eso ahora mi cabeza mutilada exhalaba estos últimos estertores a varios metros de mi cuerpo exangüe.

Mis tropas más leales se encontraban lejos, en el río de La Plata, diezmadas por el hambre y el frío.

Solo podía combatir con mi lengua viperina, arma con la que había despellejado a numerosos enemigos. Esta vez, sin embargo, resultó insuficiente para defenderme.

Los conspiradores me atacaron por varios frentes, simultáneamente.
Escapando de su cautiverio, La Foca Amaestrada abalanzó su colosal dimensión mamífera sobre mí, dispuesta a destriparme y devorarme crudo. La Foca Amaestrada odiaba por instinto a toda criatura a la que viese comiendo. La Foca Amaestrada poseía un apetito descomunal, insaciable, y solía tragarse a todos los que osaban comer lo que ella quería comer (y ella quería comérselo todo). Para mi desdicha, me vio comiendo alguna vez y en ese momento decidió que hincaría sus dientes en mis carnes flácidas y se daría un banquete conmigo.

Hermanados por el rencor, la desdicha y la mediocridad, El Tonto Útil y El Cuervo saltaron sobre mí y me atacaron a golpes y picotazos. El Cuervo se posó sobre La Foca Amaestrada y lanzó unos graznidos triunfales y luego me arrancó un ojo. El Tonto Útil (útil para su jefa, La Foca Amaestrada, e inútil para todo lo demás, salvo para darme con un palo en la cabeza) supo engatusarme antes de la conspiración y hacerme creer que era mi amigo o por lo menos mi aliado. Subestimé su codicia. Examiné su mirada bovina y pensé: Este Tonto es tan Tonto (lo que en España se conoce como un “Tonto del Culo”, o en el Perú se conoce como un “Huevón a la Vela”) que no tendrá valor de amenazarme. Quien lo envenenó contra mí fue El Cuervo. Durante años yo le di de comer al Cuervo. Nunca lo enjaulé, nunca le arrojé agua ni le grité improperios. Venía al patio de mi casa y le tiraba migas de pan, semillas y galletas y El Cuervo las tragaba a toda prisa. Pero ya se sabe que los cuervos no tienen memoria para la gratitud. Por eso El Cuervo se hartó de comer migas de pan y un día, fiel a su naturaleza, y azuzado por La Foca Amaestrada (que fue quien lo tramó todo e instruyó a sus sicarios para emboscarme), decidió que jugaría con mis tripas. Debí suponerlo. El Cuervo era muy feo (más feo que un cuervo normal) y muy infeliz (más infeliz que un pájaro cualquiera) y para vengar esas afrentas debía traicionarme y comerme, o comer los restos que le dejaría La Foca Amaestrada, que no serían muchos, dado su apetito inmoderado. (more…)


La confirmación

Posted by Jaime Bayly in Columnas, Columnas, ... | 09.21.2009 - 11:28

Está confirmado: mi hija va a confirmarse.
Está igualmente confirmado: a pedido suyo, no asistiré a su confirmación.
Debe entenderse que la confirmación de mi hija, junto a la de sus amigas del colegio, constituye una ceremonia religiosa en la que ella confirma su fe en las creencias, dogmas y supersticiones de la Iglesia Católica.

Debe suponerse que una persona solo puede confirmar unas creencias si antes creía en ellas. El acto de confirmarse en una fe religiosa solo tiene sentido si esa persona creía en dicha fe y ahora quiere dejar constancia de que lo que antes creía lo cree ahora con más certeza o con pareja certeza. La confirmación vendría a ser entonces, si entiendo bien, una celebración de las creencias religiosas de una persona, una manera de afirmar tales creencias, de confirmarlas, de aferrarse a ellas o de expresar que no le caben dudas al respecto.

Sin embargo, si esa persona no ha creído nunca en tales o cuales creencias religiosas, mal podría confirmarse en ellas. No puede uno confirmarse en una fe que no poseía. En tal caso, estaría iniciándose en esa fe, no confirmándose en ella.

Lo que está claro (y confirmado) es que mi hija va a confirmarse en la fe católica y por consiguiente en los mandatos morales de esa confesión religiosa.

Según fuentes relativamente confiables (la madre de mi hija), la decisión de confirmarse ha sido tomada libre y voluntariamente por mi hija, sin ninguna presión, coerción o manipulación ejercida por la familia o las amigas.
Como consecuencia de esa decisión (que puede que sea libre o que sea bajo presión, esto es materia de investigación), mi hija ha pasado un fin de semana lejos de casa, fuera de la ciudad, confinada en un retiro espiritual, bajo la celosa custodia de las señoras de una secta o cofradía llamada “Avanzada Católica”. (more…)


Los hechos consumados

Posted by Jaime Bayly in Columnas, Columnas, ... | 09.14.2009 - 20:55

Estos son los hechos:
Mi chico está en Nueva York. Es finales de julio. Se ha encontrado con su madre. Están de compras. (Cuando digo que es “mi chico”, entiéndase que es un amigo con el que ocasionalmente tenemos encuentros íntimos. Entiéndase que no por ser “mi chico” es mi pareja o mi novio o que vive conmigo. Entiéndase que el uso de la expresión “mi chico” no entraña la certeza o el afán de posesión sobre su vida, sino, al contrario, un cariño fraternal exento de toda rigidez o formalidad, un amor libre, liberal y libertino).
Mi chica está en Lima. Me escribe diciéndome que viajará a Miami para ver el concierto de Arjona. (Cuando digo que es “mi chica”, entiéndase que es una amiga con la que esporádicamente nos permitimos ciertos juegos sexuales. Entiéndase que no es mi pareja o mi novia o que vivimos juntos. Entiéndase que ella no desea ser mi pareja o mi novia o vivir conmigo en modo alguno. Entiéndase que “mi chica” es una expresión laxa, amplia, que equivale a decir mi amiga traviesa, libre, liberal y libertina. Entiéndase, por tanto, que así como es “mi chica”, es también la chica de otros hombres).

Mis hijas y su madre están conmigo en Miami, de vacaciones. Mis hijas me quieren y sobre ello no convendría dudar, pero es igualmente indudable que disfrutan más de sus vacaciones en compañía de su madre, y por eso han viajado con ella (y no conmigo) a varias ciudades de Estados Unidos. Lo que demuestra que “mis hijas”, siendo “mis hijas”, no son “mías”. Son ellas, son personas libres, liberadas crecientemente de mí, que definen su identidad y su carácter en esos saludables gestos de rebeldía, en unas decisiones individuales en las que tácitamente me hacen saber que, si bien son “mis hijas”, no son ni desean ser “mías” (y si alguien en todo caso pertenece al otro, soy yo “de ellas” y no ellas “de mí”). (more…)


El cojo y el loco

Posted by Jaime Bayly in Columnas, Columnas, ... | 09.07.2009 - 19:12

(Extracto de “El cojo y el loco”, la nueva novela de Jaime Bayly, publicada hoy por la editorial Alfaguara).

El loco no nació loco. Nació feo y tartamudo y eso le jodió la vida y terminó por volverlo loco.

No todos los feos y tartamudos se vuelven locos, pero el loco nació con un talento natural para la locura y para hablar de una manera tan violenta y atropellada que nadie podía entenderlo, así que estaba en su destino que nadie lo entendiera y ser por eso un loco y no un loco cualquiera sino uno del carajo, un loco memorable, el loco más enloquecido de una ciudad llena de locos como Lima.

Casi todos los padres dicen que sus hijos son lindos y encantadores, pero los padres del loco, cuando lo vieron nacer, quedaron asustados por lo feo que era y por lo espantosos que sonaban los alaridos que lanzaba. No parecía un bebé nacido para ser feliz, parecía un amasijo peligroso de rabia y fealdad, un bicharajo hediondo, peludo y pingón que movía los pies como queriendo patear a todo el que pudiera y lloraba de una manera entrecortada, anunciando su brutal tartamudez.

Era el primer hijo de don Ismael y doña Catalina y había sido concebido con amor, pero no por eso les pareció menos feo y odioso. Lo odiaron desde la primera vez que lo vieron y lo siguieron odiando cuando creció y siguió gritando y pateando y rompiendo todo y cuando empezó a hablar en ese idioma fragmentado y frenético que parecía haberse inventado para joder a todo el mundo y en el que nadie podía entenderlo.

Podía perdonársele que fuera tartamudo, pero además era feo, antipático, chillón, peludo y peligroso como una tarántula, y sus padres se sentían avergonzados de haber procreado a una criatura que, a los ojos de cualquiera, resultaba horrenda e insoportable de mirar.

Como era previsible, don Ismael y doña Catalina vengaron ese primer fracaso inesperado teniendo cinco hijos más, cinco hijos que les salieron guapos y bien hablados, cinco hijos que borraron esa mancha oprobiosa que era el loco, y procuraron alejarlos todo lo posible del primero y más fallido de sus hijos, al que entregaron al cuidado de las empleadas domésticas y al que, para no afearse la vida o para no recordar ese fracaso genético, trataban de ver lo menos posible. (more…)