ParecerÃa comprensible que una persona mediocre sueñe con una vida mejor. Se dirÃa que son pocas las personas que se saben mediocres y se resignan a ser mediocres y encuentran un cierto mórbido placer en sentirse mediocres, fracasadas. La mayor parte de las personas mediocres no saben que son mediocres y creen que están pasando por una fase temporal de mala fortuna y están seguras de que pronto dejarán de ser mediocres (es solo una mala racha) y tendrán el éxito que creen merecer (pero que con seguridad no merecen y no van a alcanzar). Esa pujanza de los mediocres suele ser el origen de las catástrofes, desgracias e infortunios que los hundirán en unas vidas aún peores de las que no estaban resignados a vivir, a no ser que el mediocre sea lo bastante sabio como para quedarse tranquilo, disfrutando si cabe de su medianÃa, aceptando que la suya es y será una suerte chata y gris.
ParecerÃa menos comprensible que una persona exitosa (si medimos el éxito como se mide en estos tiempos: en fama y fortuna y libertad para hacer con tu vida lo que te dé la regalada gana) sueñe con una vida distinta y todavÃa mejor de la que ya vive. Las personas exitosas no podrÃan ignorar que son exitosas. Por lo general, son lo bastante perspicaces para advertir, comparándose con los demás, y comparándose con lo que ellas fueron tiempo atrás, que han tenido éxito, que han sobresalido, que han descollado entre sus pares. Son pocas las personas exitosas que no son conscientes de su éxito. Sin embargo, la mayor parte de ellas suelen creer que se merecen el éxito y mucho más: soy famoso y tengo plata y hago lo que quiero porque me lo he ganado gracias a mi indiscutible talento, que es un talento superior. Es infrecuente encontrar a una persona que te diga: no me explico mi éxito, no lo merezco, tiene que ser obra del azar, de la pura casualidad, de la buena suerte: tengo éxito no gracias a mÃ, sino gracias a que alguien tiró los dados y cayeron a mi favor como podrÃan haber caÃdo en mi perjuicio y en ese caso serÃa un mediocre, un fracasado más.
Podemos suponer entonces que la mayor parte de los mediocres no saben que son mediocres y sueñan con una vida exitosa (que creen merecer, que está por venir, ya vendrá la buena racha) y que la mayor parte de los exitosos saben que son exitosos y sin embargo sueñan con una vida aún más afortunada. Uno se pregunta quién es más peligroso, quién más odioso: si el mediocre obstinado en triunfar o si el exitoso inconforme y ávido de más glorias y recompensas. Ambas son, me parece, enfermedades de nuestro tiempo, pero la primera parecerÃa una enfermedad menos estúpida, porque quienes la padecen son un poco tontos y no tienen la culpa de lo que hacen o de lo que se imaginan, mientras que la segunda es una enfermedad viciosa, altamente tóxica, y en cierto modo despreciable, porque quienes la padecen han elegido contagiarse de ella, se han enfermado a sabiendas, se han enfermado porque se aburrÃan de estar saludables y ya bastante ganadores. (more…)