Morir dos veces

Posted by Jaime Bayly in Columnas, ... | 11.30.2009 - 15:14

No puede uno pretender estar vivo todas las semanas. Hay semanas en las que a uno le toca morirse, y así nomás es.
Esta semana me tocó morir dos veces y leer en los periódicos las noticias de mis muertes.
Nunca me había muerto dos veces en una semana, esta tiene que haber sido la peor semana de mi vida, o la mejor, teniendo en cuenta que, después de morir, sigo vivo.
Me mataron por primera vez el sábado. Yo estaba durmiendo. No me enteré de que estaba muerto. Me dormí a las cinco de la mañana en Bogotá y cuando desperté a las tres de la tarde ya estaba muerto.
Me enteré de que estaba muerto leyendo las noticias y mis correos electrónicos. La CNN, o unos piratas cibernéticos que habían usurpado el logo de la CNN, me había matado. Según la CNN (y uno no se atrevería a poner en entredicho la credibilidad de la CNN), yo estaba muerto hacía ya varias horas, es decir me había muerto durmiendo y tal vez por eso no lo había advertido y quien ahora leía la noticia no era yo vivo sino yo muerto. La CNN decía que no había muerto de muerte natural, como siempre sospeché que no moriría: me habían matado unos sicarios atropellándome en la calle mientras yo caminaba con aire distraído pensando en el título de mi próxima novela.

Pensé: Si la CNN dice que estoy muerto, estoy muerto. Yo siempre le he creído a la CNN más que a Fox y por lo tanto debía resignarme a la idea de que estaba muerto y que ese fantasma o esa ánima en pena que leía la computadora eran los vestigios quizá imperceptibles e inasibles de lo que yo había sido en vida.

Enseguida, muerto pero contento, o muerto pero a gusto con lo parecida que era la vida en el más allá con la vida en el más acá (todo era idéntico y nadie me había juzgado aún y ya muerto tenía ganas de mear, lo que me parecía insólito), leí mis correos electrónicos. Tenía cincuenta correos nuevos, cincuenta correos que me habían llegado entre las cinco de la mañana en que me dormí (Dormonid+Stilnox+Klonopin+Mirtazapina+5HTP+Melatonina+30 gotas de Passiflora+ 20 gotas de Valeriana) y las tres de la tarde en que desperté para enterarme de que estaba muerto. Los leí, conmovido. La mayor parte de esos correos eran de mis hijas, de la madre de mis hijas, de mi madre, de mi hermana, de algunos de mis hermanos. Todos me preguntaban si estaba bien, luego en qué clínica estaba, luego en qué morgue estaba y luego, ya resignados, me pedían que les mandase una señal desde el más allá (hazme cosquillas en los pies, me decía una de mis hijas; pásame con tu papi que lo quiero saludar, me decía mi madre; llámame al celular y no hables pero llámame, decía la mamá de mis hijas). (more…)


El arte del rencor

Posted by Jaime Bayly in Columnas, Columnas, ... | 11.23.2009 - 15:31

Yo fui periodista antes que escritor y no sería escritor de no haber sido educado como reportero y columnista en dos periódicos de Lima y aun ahora, cuando debo llenar el formulario de migraciones en uno de mis tantos viajes, suelo declarar que me gano la vida como periodista y no como escritor (lo que es rigurosamente cierto).

Gracias a una conspiración urdida por mi madre, una amiga suya y un amigo de su amiga, el director de La Prensa, entré a trabajar a ese periódico en el verano de 1981, con dieciséis años. Mi trabajo consistía en cortar y ordenar los despachos telegráficos de France Press, United Press International, Associated Press, Ansa y Télam, que llegaban en medio de un ruido ensordecedor al cuarto de los teletipos. Tiempo después, fui ascendido como redactor de deportes. Luego me premiaron con una columna política, Banderillas, que escribí en 1982 y 1983.

Cuando quebró La Prensa, ya me había enfermado del vicio de escribir reportajes y columnas arbitrarias y atrabiliarias. No hacía mucho me habían otorgado unos documentos que acreditaban que era mayor de edad con dieciocho años cumplidos y ya entonces soñaba con ser un escritor, aunque no se lo decía a nadie (solo se lo dije a Viviana, borracho, en una discoteca).

Debido a una pregunta osada (que el tiempo reveló profética), el presidente de mi país, un joven intoxicado de arrogancia y extasiado de escucharse a sí mismo, se indispuso contra mí y ejercitó el rencor en complicidad con sus amigos, sacándome de la televisión, en la que me ganaba la vida desde el hundimiento de La Prensa. (more…)


El crítico y mi amigo

Posted by Jaime Bayly in Columnas, Columnas, ... | 11.16.2009 - 10:17

Aquel sábado malhadado un crítico de televisión publicó una columna en un diario de Lima afirmando que mi amigo Luis Corbacho, uno de los productores periodísticos del programa que dirijo en un canal de noticias internacional, estaba viviendo conmigo en Bogotá y sugiriendo que Luis trabajaba poco o trabajaba mal.

Ese mismo día llegué a Lima en un vuelo desde Bogotá y no me enteré de lo que había escrito el crítico porque pasé toda la tarde durmiendo y luego salí a tomar el té con mis hijas y su madre y no me detuve a leer los diarios.

A la noche encontré un correo de Luis en el que me expresaba su indignación por lo que había escrito el crítico de Lima (que él había cometido la imprudencia de leer por Internet). Antes de llamar a Luis, abrí el periódico y leí la columna. En efecto, el crítico había incurrido en una inexactitud (Luis no vivía conmigo en Bogotá ni tenía planes de hacerlo y trabajaba para el programa desde Buenos Aires) y se había permitido una mezquindad (Luis y mis productores en Buenos Aires trabajan bastante, y bastante bien: se pasan el día viendo con ojo alerta los informativos, graban todo lo que les parezca de interés, lo editan a toda prisa y lo envían digitalmente a mis editores en Bogotá: no es poco trabajo y lo hacen con aplomo, eficacia y buen juicio).

Llamé a Luis, escuché sus quejas, le dije que compartía su desazón (el crítico había publicado una falsedad, que Luis vivía conmigo en Bogotá, y había sugerido otra, que Luis era un productor holgazán, apático o sin mayores responsabilidades), le pedí que no se tomara tan a pecho las críticas de un crítico, le recordé que si había decidido escribir su nombre entre los créditos de los productores que aparecían en la pantalla al terminar el programa sería inevitable que muchos (como el crítico) insinuaran que él trabajaba conmigo porque era mi amigo y no porque era un buen productor y, en fin, le dije que en estos casos lo mejor era no hacer nada, que cuando te atacan (incluso injustamente o con inexactitudes) lo mejor es no contestar, porque cualquier intento de aclaración o desmentido acaba siendo contraproducente, un despropósito, pues hace más llamativa la crítica del crítico y dignifica al crítico o le concede un poder mayor del que debiera tener sobre nuestro humor y nuestras convicciones.

Dicho todo eso, Luis me recordó su insuperable enemistad con todo lo peruano y yo le recordé mi inevitable ligazón con todo lo peruano (al menos mientras mis hijas vivan en Lima). (more…)


Aún es pronto para morir

Posted by Jaime Bayly in Columnas, Columnas, ... | 11.09.2009 - 15:17

Nada de lo que está pasando estaba remotamente en mis planes y por eso asisto pasmado, incrédulo y curioso a la vida de ese señor que supuestamente soy yo, pero que cada día me parece más un extraño, alguien que hace cosas que no puedo explicar ni justificar y a duras penas puedo contar.

De pronto a este señor se le ocurre que se irá a vivir a Bogotá y ni siquiera me lo consulta, lo anuncia a la prensa, firma unos contratos, graba unas promociones, viaja como un fanático con una misión, y ahora este señor y yo, o ese señor al que llaman Jaime Baylys y yo (que no elegí ser yo ni tampoco que llamaran Jaime Baylys a ese otro señor que anda por la vida diciendo que soy yo), estamos viviendo en Bogotá, así porque sí, porque el señor se encaprichó y me trajo como si yo fuera un bulto (que en realidad es lo que soy para él, para el señorito hablantín de Jaime Baylys que me lleva y me trae como si yo fuera su carry on, que es exactamente lo que soy para él).

Pues aquí estamos los dos, viviendo en una ciudad fría, arbolada, verde allá arriba, una ciudad con calles numeradas, una ciudad en la que Baylys me dice que hay más autos que personas y que está seguro de haber visto autos que van solos por las autopistas, una ciudad en la que no nos dejan caminar sin vigilancia porque Baylys tiene enemigos que lo quieren matar (incluyéndome), y entonces tenemos que salir los dos con chofer y guardaespaldas en camioneta blindada (un blindaje que creo redundante, porque la capa adiposa que se ha dejado crecer Baylys me parece ya a prueba de balas o, cuando menos, de perdigones).

Una noche dejo a Baylys durmiendo en el hotel y salgo a caminar y me pierdo por las calles de este barrio singularmente apacible y cuando regreso del paseo se me va el aire (es sabido que Baylys también pierde aire) y nos echamos los dos y de pronto sentimos que nos han puesto una bolsa de cemento encima del pecho, sentimos o siento (porque Baylys es tan desalmado que ya no siente nada) que alguien nos aprieta el pecho o se ha sentado sobre nosotros y el pecho está a punto de estallarnos y ese dolor opresivo, quemante, puede ser el anuncio de que un infarto segará con buen tino la inefable existencia de Jaime Baylys y me dejará en paz para ver en qué otro cuerpo consigo meterme cuando el suyo sea ya un cadáver flácido en descomposición. (more…)


El equilibrista

Posted by Jaime Bayly in Columnas, Columnas, ... | 11.02.2009 - 20:02

A finales de 2002, hice acopio de valor y me retiré de la televisión.
Me propuse, entonces, cumplir un sueño largamente postergado: vivir como escritor, dedicarme a escribir ficciones y crónicas, no hacer concesiones mercenarias al mundo frívolo de la televisión y ser un escritor ermitaño y a tiempo completo.

Durante tres años, el 2003, 2004 y 2005, viví exclusivamente como escritor. Escribí dos novelas (“El huracán lleva tu nombre”, “Y de repente, un ángel”) y pasé temporadas en Miami, Buenos Aires y Washington.
De pronto, había recuperado los días mágicos de 1992, 1993 y 1994, en los que me exilié de la televisión y me refugié en Washington a escribir mi primera novela, viviendo cuidadosamente (y como peatón, claro está) de mis ahorros. Esa novela fue publicada en España en la primavera de 1994. Me quedaban apenas mil dólares en el banco. El anticipo que pagó Seix Barral fue de otros mil. Comprendí que tenía que volver a la televisión para pagar las cuentas (ya era padre de familia, y la leche y los pañales para Camila no se podían comprar con promesas de glorias literarias por venir).

A finales de 2005, me dieron un premio literario en Barcelona, pero el premio resultó envenenado, porque el jurado (o una parte de él) declaró, al tiempo que me lo concedía, que no lo merecía. Fue una noche inolvidable. Nunca me habían dado un premio diciéndome: no lo mereces, pero toma tu premio y vete ya. Seguramente era verdad, no lo merecía, y no estuvo mal que me lo recordasen.

Los primeros meses de 2006, me hicieron dos buenas ofertas: una de la televisión de Lima, para presentar un programa los domingos, “El Francotirador”, y otra de Buenos Aires, para hacer entrevistas en un programa que se emitía los sábados. Desalentado con mi carrera literaria, y viendo diezmados mis ahorros, acepté ambas propuestas. En febrero de 2006, me sentí obligado a romper mi promesa de ser un escritor a tiempo completo (al menos la había sostenido tres años) y volví a alquilarme a la televisión peruana y argentina.

Unos meses después, y ya que me había resignado a prostituirme, firmé un contrato con un canal de Miami. Me dieron libertad para decir lo que pensaba (y lo que no pensaba) y para entrevistar a quien me diera la gana (y, sobre todo, para no entrevistar a quien me diera la gana).

Pasé el 2006, el 2007 y el 2008 haciendo televisión en Miami, Lima y Buenos Aires. Viajaba todas las semanas entre esas tres ciudades. Era extenuante y divertido. Quedaba poco tiempo para escribir. A duras penas pude dar forma a una novela que titulé “El Canalla Sentimental”, publicada el otoño del 2008. (more…)