No debà cambiar de vuelo, debà tomar el vuelo de la noche. Una impaciencia torpe, atropellada, me precipitó a tomar el vuelo de la mañana.
El vuelo de la mañana es una experiencia devastadora porque sale tan temprano que no duermes en el hotel y tampoco consigues dormir apropiadamente en el avión y cuando llegas a Lima al mediodÃa te enredas en el tráfico espeso y fragoroso de la ciudad y cuando por fin llegas a tu casa eres una ruina andante que a duras penas puede arrastrarse y balbucear unas pocas palabras envenenadas por el mal aliento, la fatiga y el desánimo, unas palabras lastradas por el hastÃo de tantos y tantos viajes para llegar no se sabe bien adónde.
Lo cierto es que cuando entro a mi casa estoy tan exhausto y malhumorado y espantado de la miserable rutina de seguir viviendo y viajando que procuro no hablar con nadie y encerrarme en mi cuarto y tomar un cóctel de somnÃferos y dormir todo lo que pueda para salir del pozo séptico en el que me hunden los viajes por la mañana.
Por eso fue particularmente humillante llegar a casa, abrir la puerta y descubrir que alguien habÃa dejado cerrada con llave la puerta de mi cuarto y yo no tenÃa la llave y por tanto no podÃa entrar a mi habitación y echarme en mi cama, como lo tenÃa bien merecido. (more…)