La siesta, el café y el carnaval

Posted by Jaime Bayly in Columnas, ... | 03.29.2010 - 10:52

Todos los fines de semana se parecen bastante y no me quejo.
No podría decir que descanso los fines de semana, tampoco que trabajo.
Digamos que cumplo una rutina calculada y meticulosa, no exenta de placeres.
El más grande placer es almorzar con Sandra y nuestras dos hijas.
No es sólo que la compañía de esas mujeres me resulta gratificante en grado sumo, lo es también todo lo que me dan de comer.

La rutina comienza el sábado a las seis de la mañana en Bogotá cuando suena la alarma y salto de la cama y jalo mi maletín negro y subo al auto blindado de Fabio, el conductor y escolta, quien me lleva al aeropuerto mientras habla y yo a duras penas balbuceo palabras adormecidas porque a esa hora no soy capaz de pronunciar una palabra completa.

Prosigue (y este puede ser el peor momento del fin de semana) cuando espero a que nos llamen a abordar el vuelo y cuando por fin ocupo mi asiento y aguardo bostezando a que nos repitan la insufrible letanía de consejos inútiles sobre cómo sobrevivir si se cae el avión y luego las demoras del avión avanzando remolón por la pista. Este es el momento más tenso o crispado y a veces se prolonga porque detectan una avería o porque el tráfico aéreo se ha espesado o porque el avión está detenido y nadie nos explica por qué coño tardamos tanto en despegar.

Yo espero con las seis pastillas en una mano y el vaso de agua en la otra. Sólo tomo las pastillas cuando hemos despegado. Nunca las tomo en tierra. Me ha ocurrido que las he tomado nada más subir al avión y luego han encontrado un desperfecto y nos han bajado del avión y no había modo de bajarme porque estaba dormido como un muerto fresco. Por eso la experiencia aconseja tomar los hipnóticos apenas el avión levanta vuelo, nunca en tierra firme. Enseguida me cubro el rostro con una bufanda y desaparezco, me voy a otro mundo, perezco, desfallezco, fallezco en cierto modo, muero dormido y bien dormido las tres horas del vuelo.

Dios, qué sería de mí sin las pastillas que tan generosamente me provees.
Al llegar a Lima soy un hombre de aspecto risueño, no sólo porque la gente me grita expresiones afectuosas (impregnadas menos de afecto que de picardía), sino porque las pastillas han sedado mi ánimo revulsivo y siempre le pido al conductor que me lleve a casa bordeando el mar, y la contemplación del mar, el olor del mar, los recuerdos que me traen aquellas olas turbias, me devuelven la sensación de estar en casa. (more…)


No volverás a esa ciudad

Posted by Jaime Bayly in Columnas, Columnas, ... | 03.22.2010 - 16:21

Llegar a Miami ya no es llegar a casa, es llegar a una ciudad que ahora siento extraña y distante, y por eso no me sorprende que el oficial de aduanas me interrogue con rudeza y me despache a la línea roja para que otro severo oficial me haga perder media hora buscando en mi maletín de mano, en los bolsillos de mi saco, en mi billetera, en mis frascos de medicamentos, algo ilegal que no va a encontrar.

Tal vez me han sometido a esas inspecciones algo humillantes y a tantas preguntas impertinentes porque he llegado desde Bogotá, o porque he llegado muy abrigado y con sombrero y con aire presuroso, o porque les ha resultado sospechoso que les diga la verdad, y es que he llegado a Miami a pasar la tarde porque esa misma noche debo tomar el vuelo a Lima para llegar a tiempo al programa de televisión, y cuando el rudo oficial de aduanas me pregunta por qué llevo tanta prisa, por qué me he obligado a pasar por Miami sólo unas horas para desviarme luego a Lima, le digo la verdad: he venido a pagar mis impuestos, oficial, y de paso he venido también a recoger mi correspondencia. Pero sus impuestos puede pagarlos en Bogotá, me dice él, con aire suspicaz. Sí, lo sé, le digo, sin insolentarme siquiera levemente. Sólo que mi contador me ha preparado los papeles acá y prefiero hacer las cosas a la antigua y firmar los papeles acá y despacharlos en el correo aquí mismo, como he hecho todos los años desde que me hice ciudadano, le digo, pero él no me cree, cree que soy un hampón de modales refinados, un traficante de algo indebido, un criminal con aires de señorito.

El oficial (que sospecho que habla español, pero que prefiere el inglés, lo que me parece inobjetable aunque levemente extenuante, dado que he llegado sin dormir y en un vuelo demorado) me pregunta cuántos dólares llevo conmigo. Cien, le digo, sin dudarlo. Exactamente cien. Le extiendo mi billetera y él comprueba que hay un solo billete de cien dólares. Luego se obstina en hurgar cada pliegue, bolsillo, entresijo, vericueto y doble fondo de mi maletín, tratando de hallar algo, un fajo de billetes, unos polvos, unas sustancias prohibidas, algo que me incrimine, pero su celo despiadado por revolver mis pertenencias resulta inútil pues no encuentra en ellas nada proscrito o sospechoso, a no ser por los muchos frascos de sedantes, hipnóticos, ansiolíticos y sicotrópicos en general. Por lo que veo, tiene usted problemas para dormir, me dice, examinando cada frasco, cada bendita pastilla. Yo diría que tengo problemas para dormir, pero especialmente para sobrevivir, le digo, y él me mira con un gesto canino de hostilidad y está claro que no le ha gustado que lo corrija o que me permita una ironía.
Gracias a Dios me mudé a Bogotá, pienso, cuando por fin me dejan entrar a Miami. (more…)


Esa ola brava que debo correr

Posted by Jaime Bayly in Columnas, Columnas, ... | 03.15.2010 - 19:25

Cuando llego a Lima y salgo a caminar y converso con alguna gente amable que se acerca a saludarme, me sorprende que casi todos me pregunten con simpatía o con cierto aire de complicidad:
-¿Pero vas a ser candidato o es una broma, Jaimito?
Quizá no debería sorprenderme, porque llevo más de veinticinco años haciendo bromas en televisión y, por lo tanto, es razonable que la gente sospeche que esto de mi candidatura es sólo una broma más y que no voy en serio.
Pues resulta que no es una broma, que voy en serio, y así les digo a quienes me preguntan si se trata de una humorada para embaucar a los incautos:
-Voy a ser candidato de todas maneras. Ya soy candidato. No es broma.
Cuando les digo que la cosa va en serio, me parece que se alegran o que eso es lo que esperan de mí, esperan que no me tome este asunto a la ligera, frívolamente, y que tenga el coraje de dar la batalla sabiendo que lo más probable es que la pierda.
-Voy a ser candidato aunque está bien jodido que gane –les digo a mis amigos y simpatizantes en las calles que suelo caminar.
-No creas, Jaimito –me animan ellos–. En el Perú cualquier cosa puede pasar. Mándate, hermano. Por ahí la haces. En este país gana cualquiera.
He escuchado eso incontables veces y me lo dice gente que al parecer me tiene simpatía o tiene ganas de votar por mí y no sé si es un elogio (creo que no) o la resignada y melancólica conclusión de que en el Perú cualquier loco aventurero con fuego en el estómago puede llegar a ser presidente.
Y yo soy un loco aventurero con fuego en el estómago, que no queden dudas sobre eso.

Lo soy desde que mi padre me llevaba al colegio y me decía que sería un fracasado, un perdedor, un locutor de Ovación de Radio El Sol, un Perú en Sintonía, lo soy desde que decidí a los quince años empezar a ganar mi propio dinero en el diario La Prensa para emanciparme de la dictadura de mis padres, lo soy desde que me puse el terno de mi abuelo que me quedaba grande y decidí que aquella tensa mañana, a los dieciocho años, saldría por primera vez en televisión para demostrarle a mi padre que no sería un fracasado, un perdedor, un locutor de Ovación, para demostrarle que al menos podía ser columnista político de La Prensa y comentarista de televisión.

O sea que el fuego en el estómago (un fuego que no se apaga nunca, un fuego que crece con el tiempo) se lo debo a mi padre y el espíritu de loco aventurero lo debo a los genes de la familia de mi madre (solo una loca aventurera sería capaz de quedar embarazada doce veces y tener diez hijos, sólo una loca aventurera adorable como ella sería capaz de sobrevivir a mi padre). (more…)


San Pedro no llamará mi nombre

Posted by Jaime Bayly in Columnas, Columnas, ... | 03.08.2010 - 18:06

Una fina garúa esquinada cae desde el cielo de Bogotá y se ve en las pantallas gigantes como si fuera un efecto visual diseñado por la banda inglesa y apenas si moja y con seguridad entusiasma a las miles de personas que cantan en el esperanto de nuestro tiempo, saltando y bailando y besándose y tal vez llorando, esa canción que es una arenga, un himno de guerra, y que es también la confesión desolada y melancólica de la derrota que a todos nos espera

Yo solía reinar el mundo
Los mares se alzaban con mi palabra
Ahora en las mañanas duermo solo
Y barro las calles que solían ser mías

Mis hijas y sus amigas se han alejado de mí, se han ido a la batalla dejándose extraviar en esa multitud aliada y alocada, hacinándose y apiñándose y entreverándose entre una muchedumbre estimulada por el poder narcotizante de la música, acercándose con temeridad adolescente a pocos metros del lugar donde el cantante se agita como poseído por un trance frenético y nos cuenta a gritos la historia de los que tuvieron poder y cayeron en desgracia y sintieron el filo helado de la guillotina y ahora saben que no les aguarda la recompensa eterna, como yo presiento y mis hijas no saben (porque están demasiado felices para saberlo) que a nosotros tampoco nos llamará San Pedro ni santo alguno

Yo solía tirar los dados
Y sentir el miedo en la mirada de mi enemigo
Y escuchar a la multitud corear
El rey ha muerto, ¡viva el rey!

Aunque teníamos entradas para el sector “vip” y no para el más exclusivo sector “platino”, mis hijas y sus amigas estaban desesperadas por acercarse a él, por entrecruzar una mirada fugaz con él, por bailar, dando y recibiendo codazos y pisotones, con la ilusión de que en algún momento él se acerque y les roce la mano o les diga una palabra en el español que aprendió de su mujer, y por eso he forcejeado y he empujado y he dicho palabras deshonestas y he prevalecido con mi natural arrogancia y he logrado que los adustos hombres de seguridad nos dejen pasar allí donde mis hijas querían estar, a pocos metros del dios al que han venido a adorar en esta ciudad levemente fría y montañosa al que los dados del azar me han traído, nos han traído esta noche

Un momento tenía las llaves
Enseguida las paredes se cerraron sobre mí
Y descubrí que mis castillos se erigían
Sobre pilares de sal y pilares de arena (more…)


Por qué no me despidieron

Posted by Jaime Bayly in Columnas, Columnas, ... | 03.01.2010 - 12:34

Al terminar el programa aquel domingo, salí del canal, miré mi foto gigante y pensé mañana la descolgarán, no volveré más a este canal, esto se ha terminado, aceptarán mi renuncia y me despedirán.

No había previsto salir tan molesto en el programa, pero después de dos semanas de abusos, vilezas, mezquindades y ensañamientos contra mí y mi familia por parte de un programa del canal, y ante el silencio cómplice del canal, decidí no sigo más, hasta aquí hemos llegado.

Todo el incendio pudo apagarse a tiempo si, cuando me quejé por el abuso contra la novela inédita de Silvia Núñez, perpetrado en un programa del canal, hubiesen leído un breve editorial en el noticiero, censurando ese ejercicio innoble e ilegal del periodismo y pidiendo disculpas a la escritora. Pero el canal no hizo nada.

¿Por qué no hizo nada? ¿Por qué no leyó un editorial en el noticiero reprobando el acto ilegal de piratería y pidiendo disculpas a la escritora? No lo sé. Pero creo que el silencio cómplice del dueño del canal dio luz verde para que los abusos y las injurias contra mí, contra mi familia, contra mi amiga, continuasen desde su propio canal.

Ahora creo, como lo dije el domingo 21 de febrero, en un tono quizá demasiado exaltado o virulento, que el tema de mi eventual candidatura presidencial jugó un papel en todo esto. En resumen: el crítico del periódico más influyente de Lima, El Comercio, había atacado al canal por apoyar mi candidatura; es más, había acusado al canal de apoyar mi candidatura falseando las encuestas. El dueño del canal, comprensiblemente, estaba preocupado por mi doble condición de periodista y probable candidato. (more…)