JUEVES, UNO
Cómo juegan de bien los holandeses cuando quieren jugar condenadamente bien. Qué formidable gol urdieron los magos de los países bajos para demoler a Camerún y clasificar con nueve puntos. Creo que no he visto un gol más lujoso en este mundial: pase largo de cachetada de Sneijder al pelado Robben, reloj de Robben buscando el perfil para disparar el obús, zurdazo seco y chanfleado de Robben al ángulo imposible, rebote en el palo y el pescador Huntelaar la mete porque hasta yo la metía. Pero fue medio gol de Sneijder por ese pase prodigioso y medio gol de Robben por ese disparo fulminante y esquinado. Ya va siendo hora de que Holanda sea campeón.
JUEVES, DOS
Bielsa debe de ser el mejor entrenador del mundo. Es un intelectual del fútbol o un vicioso del fútbol o un hombre que no tiene sesos y neuronas sino un balón de fútbol dentro de la corteza cerebral. Debe de haber visto quinientos videos de España antes del partido. Consiguió una proeza que parecía imposible: durante la primera media hora, Chile prevaleció en el juego, neutralizó los afanes españoles y, a base de un rendimiento robótico, de una disciplina casi militar, en la que cada jugador parecía la pieza de un juego de ajedrez que Bielsa movía hincado en cuclillas, dio la impresión de que la sola cabeza descomunal del mariscal Bielsa (en la que habitan todos los goles de todos los tiempos) conseguiría doblegar a las aturdidas huestes enemigas. No solo Chile enredó a España con una marcación sofocante y opresiva, sino que estuvo cerca de convertir un gol. Todo lucía bien para el napoleónico Bielsa hasta que el portero Bravo nos recordó que, por muy bueno que sea el entrenador, cuando un jugador se manda una cagada monumental, todo se va al agua, se estropea, se echa a perder, todo el trabajo de tantos años se jode en cinco segundos fatídicos en los que un pobre soldado asustadizo se emancipa del férreo control del generalísimo que comanda la batalla y decide rendirse a su miserable condición humana, ser falible, cagarla y cagarla mal, hacer la peor jugada de su vida, la jugada que nunca podrá olvidar, la jugada estúpida y babosa que seguirá atormentándolo en el instante en que, muchos años después, ya anciano, muera todavía corroído por la culpa de la idiotez que perpetró y provocó la derrota de su ejército tan bien entrenado. Bravo seguirá vivo, seguirá jugando como arquero de la Real Sociedad, con suerte vivirá algunas décadas más, pero el error que cometió al dejarle la pelota mansa a David Villa equivale a una deserción, a un suicidio en plena batalla, al suicidio más humillante y vergonzoso de mirar en este mundial, aún peor que el suicidio de su colega inglés, Mr. Green. Bravo, si hace honor a su apellido, debe acabar con su vida, o al menos reconocer que su vida ha acabado ya, aunque todavía siga respirando y caminando. (more…)