Mamá, tú eres mi partido

Posted by Jaime Bayly in Columnas, ... | 07.19.2010 - 19:12

Me he mudado a Lima con la firme determinación de pasar un año sin subirme a un solo avión.

Estoy hastiado de tomar tantos aviones y me hace ilusión pasar un año recluido en mi casa, llevando una vida sedentaria y ermitaña.

Cuando tenía veinte años, empecé a viajar todos los meses a Santo Domingo para grabar un programa de televisión. Desde entonces, han pasado veinticinco años y los viajes, que al comienzo eran uno al mes, subieron a dos al mes, luego a tres y en los últimos años venía a Lima (desde Miami, desde Buenos Aires, desde Bogotá) todos los fines de semana, con lo cual viajaba cuatro veces al mes como mínimo, es decir ocho días de cada mes en los que debía someterme a la extenuante y descorazonadora rutina de los aeropuertos, las filas, las humillantes revisiones en los más íntimos entresijos y el tedio inevitable que viene aparejado al hecho de subirse a un avión.

Se puede decir entonces que en los últimos veinticinco años he viajado todos los meses y por consiguiente he viajado centenares sino miles de veces y los premios que me daban por viajar tanto eran más viajes que yo por supuesto no quería hacer.

Presiento que mis males de salud tienen algo o mucho que ver con la vida errática y saltimbanqui que he llevado tanto tiempo. Hubo unos años en que vivía en tres ciudades a la vez (Lima, Buenos Aires y Miami) y en aquel tiempo se trastornó por completo mi reloj biológico y me atacó con saña el insomnio y me hice adicto a las pastillas para soportar tantos aviones, tantos charlatanes indeseables, tantas fotos con sonrisas impostadas en los aeropuertos, tantos vuelos helados intoxicándome con las flatulencias de algún vecino descomedido.

Por suerte, encontré la manera de tolerar esa rutina que estaba matándome: escribía como un demente en los aviones y en los aeropuertos y en las salas de espera cuando el vuelo estaba demorado.

Pero ya estuvo bueno de viajar. Ya es hora de bajar un cambio y pasar un año tranquilo en una ciudad y no acercarme al aeropuerto.

Naturalmente, esa ciudad tiene que ser Lima, pues en Lima viven mis hijas y yo no puedo vivir felizmente sin verlas a menudo. De manera que si hubiera decidido vivir en cualquier otra ciudad (por ejemplo, seguir viviendo en Bogotá, donde tenía contrato hasta fin de año, contrato al que renuncié), hubiese tenido que venir a Lima cuando menos dos veces al mes para ver a mis hijas.

A veces las decisiones más difíciles son las que el destino toma por uno mismo. Si mis hijas están en Lima por ahora y hasta que terminen el colegio en dos y tres años, y si yo no puedo vivir lejos de ellas, entonces la ciudad donde debo organizar mi nueva vida sedentaria, ermitaña y alérgica a los aviones es sin duda Lima, al menos por un año, pero quizá por dos, y en el mejor de los casos por tres, hasta que mi hija menor termine el colegio. Cuando mis hijas terminen el colegio se irán a estudiar a universidades de los Estados Unidos, donde nacieron y tienen muchas amigas y donde ciertamente quieren ir a la universidad, y entonces, si estoy vivo (dudoso), será momento de repensar dónde quiero vivir. Quizá entonces me vaya a vivir a Boston o a Providence o a Nueva York para estar cerca de mis hijas y no tener que subirme a un avión cada vez que quiera verlas.

Pero este año que tengo por delante he jurado por mi honor (juramento que un notario declararía írrito) que no me subiré a un avión a provincias ni al extranjero. Si he de tomar un avión, será en julio de 2011, en ningún caso antes. Siendo francos, si el señor Humala ha ganado entonces la presidencia, es muy probable que tome un avión para no volver por cinco años. Si el gobierno está en manos digamos confiables (es un decir), y estoy contento con mi vida sedentaria y ermitaña, y he logrado completar la trilogía “Morirás mañana” que no debo dejar inconclusa antes de morir, tal vez decida seguir viviendo en Lima un año más o incluso dos, hasta que mis hijas se vayan al extranjero.

Siendo entonces optimista, pasaré un año en Lima sin subirme a un solo avión y quizá en julio de 2011 haga un viaje (o no) y, si todo va bien, es posible que me quede viviendo en Lima sin viajar más (recuerda: siempre decir que no a cualquier invitación que implique viajar) hasta que mis hijas terminen el colegio.

Tengo la corazonada de que no me quedan muchos años por vivir, y me gustaría que estos años, estos tres años que mis hijas y yo podemos estar juntos en Lima, ellas en el piso de abajo, yo en el de arriba, ellas terminando el colegio, yo metido en la trilogía vengativa y sanguinaria que ha raptado mis días y mis noches, y metido también en la televisión para pagar las cuentas de mi familia porque ya se sabe que los libros (o por lo menos mis libros) no alcanzan para cubrir el presupuesto familiar, sean años tranquilos, sosegados, de moverse poco, de dormir mucho, de escribir todo lo que sea posible y, lo más importante, de acompañar a mis hijas en estos años en que ya no son niñas y cada día son más mujeres y más adorables.

Luego, en dos y tres años, se irán a la universidad, y ya no las tendré cerca de mí, y ya todo cambiará si no cambió antes.

Lo más probable es que, si estoy vivo, cuando ellas vayan a estudiar a Providence y Boston (que es donde quieren estudiar), me compre una casita a mitad de camino entre ambas ciudades y espere a que un invierno crudo me mate allí.

Pero este año que tengo por delante quiero vivirlo en Lima y de aquí no me mueve nadie y no me suben a un avión esposado ni dopado ni deportado ni invitado a ningún congreso literario ni presentación de libros ni homenaje al gato techero: ya uno está viejo para creerse esas ferias inútiles que rinden culto a la vanidad.

Y si este año me resulta propicio y placentero y termino la segunda novela de “Morirás mañana” (titulada “El misterio de Alma Rossi”) y encuentro fuerzas para acometer la última inventiva narcótica de la saga de sangre derramada en homenaje a la venganza y el rencor como bellas artes incomprendidas, y si los asuntos de la televisión marchan sin sobresaltos como van de momento, y si los enredos sentimentales no acaban por matarme entre tantos celos entreverados que me estrangulan, y si mis hijas descubren que mi presencia en el piso de arriba les resulta conveniente o les mejora mínimamente la vida, y si no echo de menos el tedio insoportable de subir y bajar de aviones pedorros, y si el señor Humala no resulta elegido presidente del Perú, quién sabe si el destino, ese pendejo o ese comediante o ese cabrón, tenga reservado para mí un premio que no merezco: pasar tres años felices en Lima, cerca de mis hijas, escribiendo “Morirás mañana” (que será sin duda lo mejor que dejaré escrito), y viviendo una vida serena, predecible, rutinaria, signada por el silencio y la soledad, rara vez interrumpida por la visita de alguna de mis hijas que me deja el estudio donde escribo un vaho a perfumes cítricos, y quebrada cada noche, nada es perfecto, por la servidumbre de asistir a la televisión para que mis hijas, su madre y yo podamos vivir con todo el decoro que nos merecemos y al que estamos acostumbrados.

Lo que me lleva a una cuestión inquietante: si me he jurado no subir a un avión hasta julio de 2011 (a ningún vuelo siquiera a provincias), ¿cómo diantres podría ser candidato presidencial? Y si quiero seguir pagando, como corresponde, mi abultado presupuesto familiar (que tiende a crecer con los años y diría que con los meses y que sin duda será más cuantioso aún cuando las niñas se vayan a universidades en los Estados Unidos), ¿cómo diantres podría pagar mi oneroso presupuesto familiar ganando el magro sueldo de presidente de la República? No quisiera entrar en detalles contables, pero digámoslo así: mi presupuesto familiar llega a un monto diez o quince veces más elevado que el austero salario que cobra el abnegado presidente del Perú. Dicho crudamente: si fuera presidente, no me alcanzaría ni para pagar el presupuesto de una de mis hijas. Y como no soy ladrón ni tengo ganas de aprender dicho oficio, debo por consiguiente seguir trabajando para pagar el presupuesto de mi familia, que, ya está dicho, excede con largueza el honorario que percibe el presidente del Perú. Es decir que nadie en su sano juicio aplicaría a un trabajo cuya remuneración no le alcance para cubrir siquiera el diez por ciento de su presupuesto familiar.

Dicho todo eso, sólo se me ocurren dos salidas a este embrollo de alergia crónica a los aviones y déficit presupuestario familiar y diez por ciento en las encuestas: sólo podría ser candidato a la presidencia si el partido que me auspicia concuerda con mis ideas libertarias y progresistas (lo que ya parece una quimera) y además acepta que no viajaré a ninguna provincia ni haré ningún mitin y mi campaña será sólo por televisión y desde Lima y sin conocer los conos, Dios me libre de tanto cariño. Ya todo esto parece absolutamente imposible. Pero si partido hubiera que se aviene a aceptar mis caprichos, subsiste el irritante problema del dinero: ¿cómo puedo seriamente renunciar a mis trabajos y postularme a un trabajo para el que muy probablemente no seré contratado, el de presidente del Perú, si sé que el sueldo que me pagarían, en el remoto caso de ganar, no me alcanzaría para pagar las cuentas de mi familia? Aquí sólo se me ocurre una salida honrosa a este entuerto: antes de inscribirme como candidato, debo tener en el banco suficiente dinero para vivir cinco años de esos ahorros a buen recaudo. No los tengo ahora. No los tendré en diciembre. De modo que sólo hay dos posibles salidas a este laberinto: que gane la lotería peruana (lo que es imposible porque nunca compro boleto) o que mi madre se apiade de mí y me otorgue un legítimo adelanto de herencia que me permita postularme a presidente del Perú con la limpia y honrada tranquilidad de conciencia de saber que el sueldo no me alcanzará, pero mi familia seguirá viviendo tan bien o mejor de lo que vive ahora gracias al generoso donativo de mi madre, a quien Dios tenga en conserva.


4 responses on "Mamá, tú eres mi partido" »

mary
Posted on 10 Agosto 2010

Espero que se cumplan tus deseos Bayly y sobretodo, publiques pronto tu próximo libro!

petonets, mary.

Mahasiah
Posted on 25 Agosto 2010

Jaimito corazon, te volvi a encontrar y asi poder leerte…a ver primeramente no deseo que te vayas pero si me agrada mucho que quieras disfrutar con tus hijas y tu familia…..asi mismo espero poder tener acceso a tus libros mas seguidos aqui en Canada…..
POr ahora te dejo un abrazo calido y deseandote siempre lomejor…por favor no evoques tanto nuestra amiga la muerte…tan solo disfruta el ahora y el presente.
Besitos calidos.
Maha.

Sobre el Sr. Castañeda,cuendo fue presidente seguro social en ese entonces IPSS nos obligo a todos a sacar un fotoshek que nunca se utilizo y se gasto miles de soles en la adquisición de ese documento ,para que tanto gasto en algo si no se le va a dar uso o fue para despistar algo.

En la lista dela Sra. Susana Villaran hay un personaje profesor el que fue Secretario Geneneral del SUTEP ,en esa epoca hubo una huelga general de profesores ,y este señor se vendio ante el gobierno de turno y dejo a sus colegas los profesores sin solucionar sus problemas ,que podemos esperar de un tipo como ete que traiciona a sus bases por el vil dinero,espero que la señora Villaran recapacite por este señor y lo cambie en beneficio de su campaña.

Deje un comentario