La emboscada

noviembre 7, 2011 | Columnas |

emboscada_nina

Carlos Cacho Legrand no es mi amigo, nunca lo fue, tampoco se sabe públicamente que es mi enemigo, pero yo siento un odio visceral por ese enano calvo de nariz puntiaguda, un odio lo bastante duradero como para ir a darle una paliza por la cabronada que me hizo cierta vez, hace ya años, en televisión. Probablemente Cacho Legrand pensará que lo he olvidado, probablemente él habrá olvidado lo que me hizo, pero yo jamás olvidaré ni perdonaré la doble afrenta con la que me humilló. Me invitó a su programa. Yo estaba en Buenos Aires promocionando una novela. Mis editores locales me advirtieron de que el programa era amarillo, peligroso, sensacionalista, me dijeron que no parecía una buena idea que fuese. Al mismo tiempo, ya se sabe cómo son de retorcidos los editores, me dijeron que el programa lo veía todo el mundo (ellos también) y que si corría el riesgo de someterme a una entrevista con Cacho Legrand, sin duda las ventas de mi novela se dispararían. O sea, me recomendaron que no fuese, pero me pidieron que fuese. Y como yo no quería quedar como un pusilánime o un cobarde, hice lo imprudente, lo que no debí hacer: fui a los estudios de canal 9 en Palermo, me dejé maquillar y salí en directo a las diez de la noche en el programa “El mundo de Cacho”, así de esperpéntico era el nombre del programa. Yo pensé ingenuamente que Cacho Legrand habría leído alguno de mis libros y me hablaría de ellos o de política o de sexo o de trivialidades y zarandajas inofensivas. Pensé que, como él tenía fama de mujeriego y de misógino (la de un depredador de mujeres que solo ve en ellas orificios a horadar), me hablaría de esas cosas, de mujeres, de que las mujeres son tontas o sucias o las dos cosas, o de que una mujer sin un hombre que se la monte es infeliz y no vale nada, cosas que solía decir la bestia de Cacho Legrand en sus programas de la radio y la televisión (que irónicamente gozaban de gran audiencia entre el público femenino, especialmente entre las mujeres mayores de cuarenta años, divorciadas o viudas o solitarias por la razón que fuese). Pero Cacho Legrand, astuto y venenoso como una tarántula, me tendió una emboscada. Me saludó con excesiva cortesía, me aduló de un modo embarazoso que delataba que no había leído una puta línea de mis novelas y, de pronto, cuando yo pensaba que sería una entrevista sosa más, Cacho Legrand hizo honor a su fama de pirata hijo de la gran puta y me preguntó: “¿Es verdad que tuviste sexo con Anita Casán la noche antes de su suicidio?”. La concha de su hermana, ¿cómo carajo podía este enano perverso haberse enterado de eso? La noticia del suicidio de Anita Casán fue un gran escándalo años atrás, porque Anita era presentadora de televisión y era muy guapa y muy querida y porque una tarde, enloquecida de tanto aspirar cocaína, al parecer vio criaturas horrendas que venían a matarla y saltó por el balcón dando alaridos y se mató, se partió la cabeza. Pero nunca nadie había sabido que la noche anterior Anita estuvo conmigo en mi departamento de San Isidro. Nunca nadie había dicho o publicado una palabra al respecto. Era un secreto que yo guardaba tristemente conmigo. Porque en realidad Anita Casán era mi amiga y ocurrió que el día anterior a su suicidio habíamos pactado que me hiciera una entrevista en un restaurante del bajo de San Isidro con vista al río, y en efecto grabamos la entrevista, y como siempre me pareció una mujer lista, despierta, atropellada, y además me pareció que estaba buenísima, y entonces cuando la entrevista terminó, ella despachó al equipo técnico y se vino conmigo al departamento y terminamos follando y metiéndonos la coca que ella llevaba en el bolso. Tiramos dos veces, ambas ella sentada a horcajadas sobre mí, y nos demoramos en venirnos, tal vez por la coca que nos había endurecido, y sentí que Anita Casán estaba loca y que se movía deliciosamente sobre mí y que su coca era sin duda la mejor que había probado en Buenos Aires. Cuando se le terminó la coca, se fue, no insinuó que quería que la acompañase, dijo que tenía que reunirse con no sé quién, era ya tarde, una hora incierta de la madrugada, y se fue y yo creí ver en su mirada desorbitada que sin duda se iba a conseguir más coca, que de ninguna manera se iba a dormir. Meses después, estando en Londres, desperté aturdido por un dolor de cabeza, entré en Internet, repasé Clarín y La Nación y leí en portada: “Murió Anita Casán”. La noticia decía que Anita había saltado del balcón, que la autopsia había revelado que estaba llena de cocaína, en fin, todo muy triste. Quedé muy afectado y no fui a su velorio ni a sus funerales y nunca pude olvidarla. Y ahora de pronto, en televisión en vivo, este enano miserable de Cacho Legrand me había apuñalado con ese recuerdo exacto y lacerante: “¿Es verdad que tuviste sexo con Anita Casán?”. Quedé perplejo, demudado. No supe qué responder. La incomodidad de mi silencio resultó delatora. Por mucho que luego me repuse y respondí que no, que no era verdad, que nunca había sido amante de Anita Casán, nadie me creyó, y de eso se ocupó de hacérmelo saber el hijo de puta de Cacho Legrand, que soltó una risotada de hiena y me dijo: “Dejá de joder, peruano, todo el mundo sabe que vos le dabas la coca a Anita, todo el mundo sabe que vos y Anita estuvieron en tu apartamento montándose como dos conejos en celo”. Me pareció alucinante que Cacho Legrand tuviese la insolente desfachatez de hablar así de una mujer muerta: montándose como dos conejos en celo. Pero más me indignó que me acusara de haberle dado cocaína, cuando fue ella la que me rompió la nariz, y no me quejo. “Lo que usted dice es una infamia, y por respeto a la memoria de Anita Casán no se lo voy a permitir”, dije, y me quité el micrófono, me puse de pie y me retiré bruscamente del estudio, mientras Cacho Legrand, maestro en el arte del desplante y el escándalo, gritó como si no le importara: “Andá a cagar, peruano del orto. ¿Qué pensás vos, que como sos escritor te voy a besar el culo? Andá a cagar, nene, acá somos periodistas independientes y no le besamos el culo a nadie, y menos a un escritor de cuarta como vos. Anita Casán se mató por tu culpa, boludo, cagón, buchón. ¡Anita Casán se mató porque vos la taponeaste de coca, recagón!”. Por supuesto, yo escuché todo eso mientras procuraba saltar los cables y evitar a los técnicos y camarógrafos que trataban de detenerme y disuadirme de que me retirase de ese modo intempestivo, pero eso no fue lo más grave, lo más grave fue que casi toda la puta Argentina vio y escuchó al enano de Cacho Legrand gritando al aire esas infamias en televisión, culpándome de la muerte de Anita Casán. Lo peor del caso es que, tantos años después (han pasado doce años exactamente desde aquel bochornoso episodio), Legrand sigue triunfando en canal 9, a las diez de la noche, con su truculento programa “El mundo de Cacho”, programa al que, por supuesto, no volveré, como presiento que no volveré a la Argentina.

Comentarios (7)

 

  1. Nino Valenti dice:

    Leí esta columna en Perú21 y me quedé pensando en dos cosas, con algo de duda.

    Primero: aunque he visto a Jaime Bayly en la TV y sé que es escritor, debo reconocer que nunca había leído abolutamente nada propio de él. Es más, siempre he creído que era un escritor mediocre, que recurría a los temas vulgares y morbosos, ya que eso es lo que más vende. En realidad, lo sigo creyendo. Pero tengo que admitir que tiene talento para escribir. Me gustó lo que escribió, la forma en que muestra sus sentimientos, etc.

    Segundo: el tema o los temas que menciona me dejaron con la intriga, y quise conocer más de Anita Casán y de Cacho Legrand. Supuse que la mayor fuente de información sería la web. Pero no. No encuentro absolutamente ninguna información de ellos, ni del programa televisivo, ni nada de nada. Entonces tengo la duda ahora. ¿La historia era ficticia?
    Si es así, mis respetos. Jaime Bayly sería uno de los mejores escritores del Perú.

  2. Aldo Iturry dice:

    Definitivamente solamente el estilo, la imaginación y el juego de la verdad y la mentira con las que nos tiene acostumbrados Jaime, puede hacer que en menos de una página logre atrapar a un lector y dejarlo como el título de su columna.. dejarlo como: “Un hombre en la Luna”.

    Al igual que Nino y yo, a otros más por allí nos debe haber entrado la curiosidad, el morbo de saber más, de encontrar un video, de encontrar algo sobre el hijo de su madre de Cacho Legrand y lo único que encontramos por allí fueron las pulseras o puñeras del maquillador homónimo del protagonista de esta historia.

    Buena Jaime!

  3. JENNY dice:

    Hola Jaime, que bueno poder leerte aparte de tus otras columnas, soy fans tuya desde siempre desde que tenias 19 años, tengo tu misma edad, y para mi eres bastante habil en todo lo que haces, por eso festejo tu alejamiento total, despreciativo, absoluto y certero del lado de ese sujeto vividor, torpe y necio que pensando que tu estabas enamorado de el, quizo aprovecharse de ti, dandoselas de mas inteligente y no contando con tu tremenda astucia, jajajaja, hoy vi su blog de resentido y piconazo, y la clasica de su estilo bonarense, creyendo que porque como pollo va a cagar caviar, pobre tipejo, alucinadazooo, lo que me da risa es que ahora escribe como loquito, sin respuestas, estupideces inservibles que a nadie le interesa porque nadie se las cree.
    sigue siendo tan feliz como ahora jaimito, lo de tus hijas es algo que tu ya no puedes hacer nada, te diria lo que realmente me parece que son tus hijas, pero por respeto a ti no te lo digo, que lastima que tanta abundancia de tu parte, de amor y de dinero, ellas nunca lo hayan valorado. habla muy mal de ellas su actitud, sobre todo si son de buen colegio y criadas open mind, no les da la gana de entende que eres SU PADRE no su esclavo, por eso quedate tranquilo, ya hiciste de mas, todo lo pusiste en la mesa, dejalas que lo piensen y si se demoran y es tarde, pues peor para ellas. un gran beso y felicidades guapo!!.

  4. Pachita dice:

    Oye jaime, te cuento que el apestado ese, sigue escribiendo estupideces en su blog, sacando su foto con cara de enfermo tuberculoso, ajjjjj, es un asco, yu sobre todo cuando se cree grande y no es mas que un apestado que recogiste y al que le diste buena vida, una vida que jamas podria haber tenido, y ni siquiera es guapo, si fuera peruano, aca le diriamos, que le pasa a este cholito atorrante ?? que se cree ? si es un perdedor, bueno, mejor te deseo suerte y un beso

  5. carla dice:

    Hola jaimito, que lindo saber de ti, de tus escritos, aca en Miami es otra cosa, la gente trabaja y vive a vida al maximo, lo que en el Peru era para mi imposible por la falta de autenticidad de los peruanos, que en su mayoria son hipocritas, machistas que buscan mujeres para esposas santas y buenas y corrompen a estas mujeres y luego que esposa buscan entonces ? por eso vivo feliz en Miami rodeado de mil comodidades y con mis tres hijas y mi esposo, tenemos una empresa de servicio de limpieza y nos va bien, con la gracia de Dios y de nuestros brazos, aprovecho tambien para contarte que me alegro la posicion que tuviste frente a ese tipejo de 2 por medio que quiso perjudicarte solo porque no te dio la gana de seguir manteniendolo, tu indiferencia para ese tema fue impecable, de todo un señor, igual que la actitud de tu querida esposa, es que las personas de cierto nivel, cultura, emocional, monetario y social, JAMAS podrian ponerse al tamaño de ese despreciable tipo, suerte jaimin, guapisimo, los años te quedan muy bien. besitos

  6. Luis dice:

    Fantástica habilidad narrativa, como pocos, Jaime eres de los que divierten desde la primera línea, de esos contados que poseen el don de la elocuencia, cuando uno termino de leerte se apodera de mí un pensamiento: ” ¡Carajo!Eso lo debí de haber escrito yo”.

  7. andrés dice:

    No podemos estar seguros de que esta sea una historia ficticia pues es bien sabido que Jaime les asigna nombres falsos a sus personajes y que sus novelas o escritos son autobiográficos en su gran mayoría. Lo más rescatable en él es su enorme capacidad para narrar los diálogos. Algún argentino nos puede dar el verdadero nombre de alguna figura argentina que se haya suicidado. El tal Cacho no se qué podría ser Tognetti.

Deja un comentario