La ira de los patriotas

noviembre 21, 2011 | Columnas |

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Algunos peruanos se han molestado conmigo y me han escrito insultos porque he escrito que en los próximos años no quisiera volver al Perú, dado que ese país me recuerda a la infelicidad.

Agradezco los espesos salivazos verbales de los patriotas ofendidos, por lo pronto me confirman que hago bien en mantenerme alejado de ellos.

No he dicho o no he querido decir que todos los que viven en el Perú son infelices, qué ocurrencia, qué penoso malentendido. Por supuesto, es mi deseo ferviente que todos los que viven en el Perú, incluyendo a mi familia y mis enemigos (si no es redundancia), sean felices, muy felices si cabe o si les cabe tanta alegría sin embriagarse. Deseo que sean felices viviendo en el Perú y también cuando viajen ocasionalmente fuera del Perú, que la felicidad sea plena y no se les interrumpa y roce el éxtasis, la euforia. Cómo podría yo ser tan despistado para suponer que todos los habitantes del Perú son por fuerza desdichados, cuando la desdicha o el júbilo son estados de ánimo de las personas, no de una patria o una nación.

Lo que he querido decir, valga la aclaración y vayan mis disculpas a los patriotas mancillados que se apresuran en insultarme para que nadie ponga en entredicho lo felices que son escribiendo invectivas anónimas, es que yo, por tonto o porque tal era mi destino, no he sabido ser feliz en el Perú, que, hechas las sumas y las restas, mis recuerdos del Perú son tristes, aciagos, contrariados, son recuerdos de derrotas y traiciones y persistentes amarguras, son una caja negra de la que se escuchan gritos, palabras filudas, amenazas, risas de hiena, rezos en latín.

Lo que quisiera decir ahora, sin ánimo de fastidiar a nadie, es que, de todos los lugares en los que me ha sido dado vivir, me he encontrado mejor en esta isla en la que ahora malvivo y de la que no quisiera irme por unos años, es aquí donde me siento algo más tranquilo y en libertad, es aquí donde puedo escribir sin grandes sobresaltos y donde salgo a caminar sin que me griten improperios desde una esquina o desde un auto acanallado, es aquí donde he aprendido a estar más o menos bien, menos bien que mal pero a ratos bien, lo que ya es bastante. Esta isla no es el lugar en el que nací, es el apacible paisaje en el que pude forjar mis pequeñas ambiciones, es el refugio que he encontrado para no claudicar de mi empeño por ser un escritor, es mi casa, la última estación, la mansa orilla a la que me ha arrojado el mar.

No tendría sentido mudarme a una ciudad, sea peruana o de otra geografía, en la que, a pesar de mi probada imprudencia, puedo avizorar claramente que mis días serían bastante peores que los que paso en esta isla, nadie debería imponerse tal contrariedad, un hombre retirado o jubilado debería ser libre de elegir el barrio donde quiere estar tranquilo sin que alguien se moleste por eso, y yo soy un hombre retirado, retirado al menos de las fatigas y los reveses de ser o aparentar ser un hombre de éxito y de buena entraña, que ama a quienes no conoce, cuando me es tan arduo amar a los que ya conozco, no encuentro tanto amor en mí y se me escapa en unas pocas personas a las que probablemente tampoco conozco.

Por eso no quisiera volver al Perú en unos años, por razones de salud, porque en esta isla de momento duermo mejor, por razones de lo que me conviene como escritor, porque en aquí puedo seguir escribiendo mis naderías, por razones de cobardía, porque temo que en la ciudad en que nací podrían arrestarme o citarme a interrogatorios o impedirme salir del país en venganza por mis posturas políticas (y no se me diga paranoico, todos los meses llegan a mi casa en Lima citaciones policiales para intimidarme, y desde luego lo consiguen), por razones familiares, porque mi mujer y mi hija menor están contentas en esta casa y porque en Lima está la parte de mi familia a la que tampoco vería si viviera allá, y por razones, en fin, dictadas por la más pura arbitrariedad o el más legítimo egoísmo, porque presiento que allá en Lima me sentiría jodido, rehén, a la defensiva, huyendo de las miradas inquisidoras y los chismes envenenados, y acá me siento también jodido, pero en libertad, esta es la jodienda que yo elijo, no la que me impone la patria.

Ruego que se me entienda bien: así como quiero días tranquilos para mí, del mismo modo que debo estar en el lugar que me resulte más propicio para escribir y resistir en pie los infortunios y plantarle cara al toro bravío que es el destino, sin duda deseo que todos los que viven en el Perú, todos sin excepción, todos incluyendo al presidente y a sus papás y a los que sueñan con ser presidentes, todos contando a mis enemigos y a los que me insultan con tan curiosa saña, sean felices, cuanto cabe de felices, más felices que yo. Ahora bien, mucho me temo que ni los patriotas inflamados ni yo seremos felices lo que se dice felices, porque tal cosa no es inherente a la condición humana y la vida misma parece ser un viaje de estaciones grises a otras oscuras, pero al menos moriremos intentando ser felices en el lugar donde se nos dé la gana, que puede ser la patria original o alguna de las patrias que uno se va inventando en el camino, y yo tengo para mí que la patria también está en los libros, en las películas, en las personas, y no necesariamente en tales o cuales coordenadas o puntos cardinales o en ciertas abstracciones colectivas.

Si me preguntasen por qué he sido tercamente infeliz en el Perú, por qué no he podido encontrar la mejor versión de mí en aquel país pundonoroso y estimable, no sabría qué responder, quedaría en silencio, ofrecería mis sentidas disculpas a los patriotas iracundos. He vivido en el Perú los primeros veinte años de mi vida, luego he viajado todos los meses al Perú por otros veinte años o más, he pasado temporadas optimistas en el Perú que siempre han terminado mal, he querido ser presidente del Perú por megalómano y vanidoso y por contentar a mi madre, he querido ser un peruano feliz pero he fracasado una y otra vez en el intento. Y no lo digo contento o con orgullo, qué va, qué fácil hubiera sido encontrar mi destino en la ciudad en que nací, qué liviano y conveniente sería cifrar las claves de mi felicidad en alentar a la selección peruana de fútbol, comer comida peruana bien encebollada y acompañada de cerveza cusqueña, decir peruanismos y diminutivos, pasar los domingos con mi madre y mis hermanos comiendo causa y tamales, sentir que ese himno es el mío, que yo me agito en una bandera y que unos adustos señores uniformados me defienden de los peligros extranjeros.

Volveré al Perú, si acaso, cuando sea el momento, ahora no es el momento. Entretanto, me contento con volver a los paisajes de mi infancia y mi juventud cuando me siento a escribir mis novelas excesivas, que es una manera no desdeñable, me parece, de seguir queriendo al lugar donde aprendí a mirar, a caminar, a leer y a escribir.

Comentarios (5)

 

  1. EDUARDO RAMOS dice:

    Primero que todo saludos lo siguiente es decirle que no me gusto como se expreso de los Venezolanos que apoyamos al presidente Chavez. Catalogandonos de Gentuza me gustaria Cono de su Madre que viniera aqui y me lo dijera en mi cara aunque no lo crea, no se le puede Llamar de Ud, Habemos muchos Venezolanos preparados que estamos con estos cambios que estan sucediendo Caraeculo

    • Ramon Perez dice:

      Primero saludos a Jaime lo admiro y respeto por su gallardia y agudeza a la hora de opinar. Segundo yo tambien soy venezolano y le digo al amigo Eduardo que si es completamente acertado el comentario que los chavistas son uyna gentusa, le falto decir que son unos marginales, recien vestidos, resentidos sociales. Los venezolanos chavistas son preparados pero preparados para robar y asaltar a la nacion como lo han hecho en los ultimos 12 años

  2. Famélico Matriz dice:

    Estoy molesto e indignado. La razón de ello es que he intentado encontrar “Moriras mañana” en las grandes librerías de Madrid sin ningún éxito. Estoy molesto porque las librerías (especialmente los grandes franquiciados) deberían tener un stock repleto previendo que grandes obras literarias publicadas no se agotasen con tanta vehemencia como fue el caso. Un abrazo para ti y toda la abrumadora cantidad de fans que te escriben con tanto cariño en este blog.

  3. Lucy dice:

    Hola Jaime, no se si leerás estas lineas, pero haber si me puedes ayudar; mi marido cada día te sigue a traves de Internet, y por las noches me bombardea de comentarios de lo que le gustaría decirte, así que me he tomado la libertad de escribirte para ver como puede escribirte directamente contigo.
    Un saludo cordial.
    Lucy

  4. Ciro Vive dice:

    Coño que jodida tu vida tener que pasar la vida alejado de tus hijas, en el perù dos personas que gozan con tu alejamiento son Humala y Beto ortiz. Pero cada quien hace con su vida lo que que le venaga en gana.

    Put0 lo que si no te voy a perdonar es que nos dejaste al peor estiercol en la alcaldia de lima , la Gusana villa aragan que es de lo peor. Creo que tongo llevaria con mas acierto una gestion municipal.
    Lastima que Keiko no pudo entrar con tu apoyo, la hundiste.. como diria toledo ¡..Hay sumas que restann!!!

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